MIS REYES MAGOS

La noche de Reyes es mágica para todos los niños, aunque llegado el día seis, sigue siéndolo para algunos más que para otros.

Recuerdo aquel año en que, el día de los Magos, fue triste; triste aunque, visto desde hoy, excepcionalmente emotivo. Lo recuerdo con mucho amor.

Éramos dos hermanas. Mi hermana contaba con ocho años, en tanto yo, que era la mayor, tenía nueve.

Se acababa de morir mi padre, hacía unos meses. Nos habiamos quedado muy solas, tanto nosotras, como mi madre, las tres. La casa de pronto nos parecía grandísima. Con su ausencia irreparable, nos habíamos quedado en la más desoladora soledad. Nuestros pensamientos estaban impregnados con su presencia. Mi madre intentaba paliar su falta, aparentando cierta normalidad,  aunque algunas veces la oíamos llorar.

Mi padre, era un hombre muy jovial, muy cariñoso, amante de su familia. Nos daba seguridad, seguridad y amor. Junto con mi madre teníamos una vida completa, humilde, de clase media baja, pero feliz. Era tan difícil el dia a día sin que volviera…

Por otro lado, desde su falta, la economía en mi casa no estaba muy bollante. Mi madre hacía todo lo que podía, con una modestísima pensión, para que no “nos faltara de nada”. De esto ya hace algunos años, cuando no había tanto desahogo económico, ni existía la abundancia y el consumismo que vino después.

Pero llegaron las fiestas navideñas. Las primeras que pasábamos sin él. Estuvimos, mi hermana y yo dándole vueltas todo el mes de diciembre, acerca de qué les podíamos pedir a los Reyes. Como no costaba nada, pensábamos, había que aprovechar.

Al fin, después de muchas cábalas, convinimos en escribir una carta conjunta  a sus Majestades, pidiendo dos globos, un paquete de figuritas de mazapán (peces, patitos, muñecos, perritos, de modo que así podríamos jugar con ellas), y, cinco pesetas, un duro cada una. Era un asunto meditado, de modo que por este procedimiento, algo le podríamos regalar a nuestra madre. Siempre era mi padre el que pedía para ella y como este año no estaba… no queríamos que se quedara sin nada.

Guardamos aquella notita en un sobre; y la echamos con todo entusiasmo en el buzón de los Magos, estaba en el centro de la ciudad y habían dejado un paje muy bien ataviado, custodiándolo día y noche para que no se perdiera ninguna carta, y todas llegaran a Oriente. Esperamos con ilusión el gran día, parecía que nunca iba a llegar.

Apenas dormimos esa noche. Tapándonos la cabeza con las sábanas y en silencio, esperamos la llegada de los Reyes. Mi hermana no, pero yo sí los oí. Sentí las pisadas de los camellos, creo que hasta percibí su olor; cómo dejaban los regalos, cómo seguían su camino… Como pude, aguardé impaciente a que se hiciera de día para ir a recoger el botín.

Llegó la hora de levantarnos y salimos raudas y veloces hasta el “cuarto de estar”, dónde seguro habían dejado todo.

No nos cabía la menor duda. Habíamos cumplido durante todo el año, los requisitos previos para no fallar. Nos habíamos portado bien, traíamos buenas notas y mi madre no tenía ninguna queja de nosotras.

Vimos unos paquetes y sí, allí estaban los globos, rojos preciosos, y las figuritas de mazapán también, y hasta una bolsita de almendras no pedida, pero… ¡ay!, no fuimos capaces de encontrar el dinero tan ansiado.

Fue tremendo el momento de vacío y desolación. Como tomadas de estupor, absortas sin entender, nos quedamos mirando a mi madre, sin hacernos cuenta del por qué, tal vez como pidiendo una explicación a aquello que tanto nos disgustaba y no acertábamos a entender; a decir verdad, aquel resultado, para nosotras, incluso nos parecía una gran injusticia.

Nuestra madre, a poco, cuando pudo, con extremada ternura, con lágrimas en los ojos, nos acertó a decir:

– Los duros si os los trajeron, pero los he cogido yo; me fue necesario… para poder comprar la comida. La de hoy. ¿entendéis mis preciosas hijas?

Sí lo entendimos. Nos fundimos las tres en un profundo y fuerte abrazo y, comprendiendo a mi madre, sin querer, nos hicimos un poquito más adultas.

Con el paso del tiempo, mi hermana y yo, lo recordamos siempre como un día especial, porque, marcó nuestras vidas. Aún hoy, admiramos el arrojo de nuestra buenísima madre, porque al culparse de cuanto no podía, nos mantuvo, aquel día aciago, la ilusión precisa en los niños siempre.

Así me lo contaron. Así lo traslado. Y la verdad, no sé si colocado en aire de realidad, de ensueño o de simple ficción.

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2 respuestas a MIS REYES MAGOS

  1. alfredo puy dijo:

    Pues, amiga, lo encuentro como para tomar aire y seguir adelante.

    Para el escribir, te mando todo ánimo.

    Un principal abrazo. Al

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