¿SALIMOS…II

Segunda parte: Fascinación

Buscó Cristina al día siguiente un atuendo, que sin ser espectacular, causara una buena sensación. No era momento de arreglarse exageradamente, pero le interesaba sentirse segura de su aspecto.

Después de remirar su armario, se decidió por una camiseta blanca, que se amoldaba a su cuerpo como un guante, una falda roja de talle  alto, adornada con un cinturón negro que insinuaba la cintura. Le hacía una figura estilizada. Se maquilló ligeramente, realzando sus ojos y el color de sus labios. Estaba realmente atractiva. Llevaba la melena negra, ondulada, que le caía sobre los hombros, y unos zapatos de tacón, no excesivos, que realzaba su aspecto y le hacían unas piernas verdaderamente bonitas.

Eligió un chaquetón negro, más corto que la falda. Mirándose al espejo, observó que el contraste era de su agrado. No quería dejar ningún detalle suelto.

Llegó a la cafetería, dónde previamente  habían quedado. La elección era hermosa; un sitio elegante, se percibía suavemente una música melódica, era un ambiente acogedor.

Allí estaba él, impecable, con una sonrisa y una mirada admirada, tan cercana, tan bonita, que hizo que se sintiera demasiado bien. Se acababan de conocer, y esto parecía que apuntaba maneras. Era increíble.

Ella pensaba que no podía ser, se había prometido, después de una relación próxima, todavía inacabada, no volver a caer tan pronto en algo, que incluso le parecía el principio de una nueva ilusión, pero nada podía hacer…Era como si el destino tirara de ella, “el dulce, resultaba apetitoso”

Había tenido una vida plácida, hasta que surgieron los problemas con su pareja, desembocando en una separación, todavía no formal. De momento se habían dado un tiempo para reflexionar, para organizar sus pensamientos, sus sentimientos. Seguían compartiendo, eso sí, la hija que tenían en común, una niña maravillosa, que pasaba sus inviernos en un internado de Londres. También atendían numerosos gastos comunes, se veían con asiduidad para solucionar pequeños problemas. No se llevaban mal.

Las llamadas telefónicas del casi ex, eran constantes, por menos de nada. Después de tantos años de convivencia, una vez separados, se necesitaban, seguían pensando el uno en el otro, aunque algo les había fallado. Su vida se había convertido en una tediosa monotonía. Se veían, pero apenas se miraban.

Ahora estaba dedicada a su trabajo, llenaba una parte parcial, pero muy importante de su vida. Tenía una bonita profesión. Estaba en una oficina de publicidad y hacía de todo; desde reportera gráfica, con su cámara al hombro, cuando tenía que promocionar en algún lugar un producto, hasta de administrativa, cuando tenía que plasmar en papel la leyenda de la promoción.

Conocía a personas variopintas, eso llenaba mucho sus horas del día y le gustaba. No tenía horario, por lo que podía permitirse a su antojo, organizar fines de semana, a veces largos, fuera de la ciudad en su “casita de campo”, su refugio, le llamaba ella. Llena de flores, de paz, de silencio…

Al calor de su chimenea, leía, organizaba trabajos, pensaba… Se encontraba a sí misma, tratando de cerca con su intimidad.

De lunes a viernes, compartía con un televisor, un hilo musical, y su portatil, un coqueto loft en el centro del Madrid. 

Estaba dispuesto en dos alturas, en la baja se ubicaban la biblioteca, el bar, la cocina y salón, separados los ambientes por coquetos biombos; el dormitorio, vestuario y cuarto de baño, estaban situados en el altillo. Se sentía tremendamente cómoda en su refugio semanal.

Por eso esta amistad, que era más qué probable que pudiera surgir, le producía un poco de ansiedad y por qué no decirlo, incluso un poquito de miedo. Ahora que volvía a tener su vida organizada… pero le apetecía mucho salir con Alonso…

Él, cuando la vió, la siguió con una mirada de complacencia, hasta que se levantó para saludarla, sí, definitivamente la encontraba sumamente atractiva.

-Estás muy guapa. Le susurró con una estudiada timidez, que le favorecía.

– Muchas gracias, me alegra, me gusta que me lo digas, es muy halagador. Le correspondió ella, con un par de besos.

– ¿Cómo has pasado el día?

– Lo he llevado bien, reservándome para esta tarde. ¿Cómo me vas a sorprender?. Estoy deseando saberlo.

– Espero que bien. He pensado, que después de tomar aquí tranquilamente algo, podemos ir a cenar a un lugar muy escogido, lo he buscado con mucho mimo pensando en tí, y podemos teminar en un pub, si te apetece, oyendo música tranquilamente, hasta la hora que quieras, contigo no tengo prisa. El día de hoy ha nacido, para dedicártelo por entero.

– Todo eso suena muy bien. ¿Quién podría negarse ante algo tan tentador? ya te dije que me gustan las sorpresas, pero quizá no me merezca tanto. Me dejas admirada. No sé si podré estar a tu altura, para corresponderte. No me gustaría defraudarte.

***

Alonso, compartía un despacho de abogados con otros compañeros de profesión. Vivía solo desde que el amor de su vida, el único serio que había tenido, cuando mejor se encontraban, cuando hacían numerosos planes conjuntos de futuro…un fatídico accidente de tráfico, segó la vida de una mujer maravillosa. Casi le resultaba inimaginable, apenas se planteaba, el volver a enamorarse. Aquel amor le dejó sumido en la más absoluta tristeza, desolación y desconcierto.

Desde entonces dedicó su vida, primero a aturdirse con el trabajo, después a consolarse, más tarde a conformarse, y ahora parecía, que empezaba a salir del impacto, que le desgarró totalmente el corazón.

Por eso esa tarde en la estación, fue el primer sorprendido por el pequeño “flechazo”, que como un globo de bonitos colores, se fué inflando, hasta llegar a la llamada de teléfono, y esta posterior salida. Solo pensaba en eso, como un niño en el regalo de los Reyes. Volvía a sentir ilusión.

El resultado de la tarde-noche no pudo ser mejor, fabuloso. Hablaron de sus vidas, bailaron, crearon un clima muy íntimo para los dos. Se complementaban.

De madrugada, después de una más que agradable velada, se sorprendieron yendo para casa, andando,riendo, cogidos de la mano. Se despidieron con un abrazo y un largo beso en los labios. “Eres maravillosa, le susurró al oido, me he enamorado locamente de ti. Me has fascinado”.

Ella, le correspondió con otro beso, apoyando la cabeza en su hombro, le musito: “no sigas ¿por favor!”

Se separaron conmovidos, entusiasmados. Quedaron en llamarse.

***

Alonso, al día siguiente por la mañana, llegó radiante a la oficina.

– Buenos días Marga, le dijo a su compañera. ¡No sabes lo contento que estoy! Tenía ganas de llegar, para compartirlo contigo. Te adelanto que te vas a alegrar.

Marga, era su compañera de trabajo, su amiga, su confidente y la persona, que más le había ayudado en sus momentos de bajonazo psicológico. Tenían más o menos la misma edad, la misma profesión y hasta los mismos gustos.

Ella no tenía pareja, vivía sola; tenían amigas y amigos comunes, con los que compartían muchas horas festivas. Hacían varios viajes al año todos juntos, pero ellos dos, tenían sus “apartes”, por su complicidad, por las muchas horas compartidas, por su afinidad.

Bajaron a la cafetería, como todos los días, y empezó a narrarle pormenorizadamente, su pequeña nueva historia, la causa de su felicidad, mientras saboreaban, un humeante café mañanero y un sabroso zumo de naranja. Esta vez el desayuno fué más largo.

– Cristina, es una mujer maravillosa, te la tengo que presentar. Te va a gustar, le dijo al final.

Marga, no contestó, se alegró con cara de tristeza, que para él no pasó desapercibida, pero que tampoco le dió excesiva importancia. Estaba en su nube de colores particular. Flotaba aturdido.

Subieron al despacho y contrastaba el parloteo de él, con el silencio de ella.

Marga no se lo explicaba, pero la noticia, le había producido un shock, se había entristecido. Por un momento, sintió que una sombra oscurecía su día. Son extraños los giros que da el tobogán de la vida, pensaba, porque hasta ese momento, nunca se había planteado, que Alonso pudiera ser para ella, más que un entrañable amigo. Transcurrió la mañana con la sensación de que su alma, se había teñido de luto.

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