SALIMOS…III

Y… FINAL

Por problemas de trabajo, no pudieron verse de nuevo, hasta unos días después. Cuando se encontraron se fundieron en un fuerte y prolongado abrazo.

-¡Tenía tantas ganas de verte! Las horas se me han hecho interminables.

– Abrázame de nuevo, le dijo ella.

Caminaron enlazados por la cintura. Pasaban los transeúntes, circulaban los coches, ellos estaban ajenos a todo aquel espectáculo.

-¿Sigues pensando en que programe yo la tarde y así sorprenderte de nuevo?, le susurró, mientras la besaba suavemente.

– No hay nada que me guste más. Sólo tú. Se lo dijo mirándole a los ojos con intensidad.

Fueron a cenar a un restaurante con aire romántico, demodé, en una zona fashión night, en las inmediaciones de la Plaza Mayor; las mesas eran veladores de caoba, tipo Napoleón, centrados con velas, dentro de tulipas de colores variados.

Amenizaba la cena un violinista, interpretando música barroca. Tocaba continuamente al lado de su mesa,  concretamente la sonata de Otoño de Antonio Vivaldi (Las cuatro Estaciones), parecía cómplice de su romance.

Cristina, se encontraba feliz, toda la situación en la que se hallaba, le parecía irreal, de ensueño. No podía soltarse de su mano, acariciándola continuamente.

Después de cenar, se acercaron hasta el apartamento de él. Cuando le susurró al oído el segundo “te quiero”, decidió quedarse toda la noche a su lado. La decisión resultó muy acertada para los dos. Fue una noche apasionada.

-El fin de semana, te invito a la sierra, le dijo, mientras se duchaban por la mañana. Podemos esquiar y pasar un día blanco, ¿Qué te parece?

– Nada mejor. Este año todavía no he subido ningún día. Puede ser muy divertido.

En estas escasas salidas, a él, llegaban a molestarle las continuas llamadas de la ex pareja de ella. Las conversaciones, por lo que intuía, no eran desagradables para Cristina; tampoco de puro compromiso. Había intimidad…incluso susurros, tiernas despedidas. A él algo no le cuadraba, más bien le incomodaba.

-¿Qué quería esta vez? Le preguntaba aparentando, que no le daba importancia.

-Como siempre, nada especial. Él notaba en ella, cierta complacencia.

El sábado en la nieve lo pasaron especialmente bien, esquiaron toda la tarde. Quedaron prácticamente rendidos, no dejando de jugar y competir como dos “jovencitos” enamorados.

Alquilaron un bungalow, en la estación de esquí. Era pequeñito, con todas las paredes forradas de madera, coqueto, con alfombras de piel de borreguillo oscuras y acogedores sofás que rodeaban la chimenea chispeante. No daban ganas de moverse de allí.

-Hoy podemos cenar aquí, dijo Cristina. Quiero estar contigo a solas. Disfrutarte solo para mí.

– Ahora la sorpresa es mía, no disimuló nada su contento. Eso suena más qué bonito.

– Pero tienes que ayudarme. Iremos juntos al supermercado, compraremos lo que más nos apetezca y prepararemos la cena entre los dos ¿Dime que te gusta?

– Me encanta.

Compraron ibéricos, ensaladas variadas, caviar, salmón, panecillos, dulces…Todo un banquete.

El ambiente era familiar, distendido, cercano, haciendo las ensaladas entre los dos, preparando los canapés, hablando, riéndose de cualquier cosa…

– ¡Eres la mujer que estaba esperando! No podía dejar de mirarla embelesado.

– Tú si que eres encantador. No se puede ser más obsequioso, ni poner más mimo, en todo lo que a mí se refiere.

Cenaron, bailaron, se besaron… suavemente…se amaron.

Después de estar todo el fin de semana con una mujer extraordinaria, y de momento diferente para él, a todas las demás, la parte negativa de esta convivencia,  que le inquietaba sobremanera, era que no cesaron las interrupciones telefónicas, por parte de su anterior pareja en todo el fin de semana. Ella no lo evitaba.

La mañana del domingo, cuando ya daban por terminada la excursión, después de mucho pensarlo y armándose de valor, Alonso quiso aclarar la situación. No quería vivir un espejismo, ni tampoco perderla, pero…

-Cristina, no veo muy clara tu situación sentimental, creo que no ha terminado del todo tu relación anterior, y yo, quizá me esté haciendo ilusiones infundadas. No me gustaría equivocarme, piensa en tu momento y piensa en mí.

– Desde que te conocí, estoy confusa. Soy feliz a tu lado, me gustas, es fácil quererte, pero quizá, nos hemos precipitado. ¡No! me he precipitado yo. Mi antiguo vínculo está ahí, y no sabes lo que pesa…En ningún momento quiero hacerte daño, pero posiblemente sea un poco pronto, para cerrar ese capítulo de mi vida. Esto ha sido tan irreal como un sueño, pero totalmente sincero. Jamás me perdonaría equivocarme porque…sin tí, creo que pierdo mucho. Alonso…en estos días, me he dado cuenta, que puedo quererte mucho, me gustas, me haces feliz, pero no estoy totalmente segura.

-Haremos lo mejor para tí. Te entiendo perfectamente.

-Eres de una belleza interior indescriptible.

¿Amigos, pues?

-Lo contrario, sería imposible. Se lo dijo dándole un beso de agradecimiento, de amor y de melancolía. Amigos

Aceptó, no sin tristeza. Su castillo de naipes, en un instante, se vino al suelo. Era tan hermoso, que no podía ser posible. Estaba acostumbrado a perder.

 

Siguió haciendo su vida de despacho, trabajando, saliendo con amigos, desayunando con Marga todas las mañanas…olvidando lo que no pude ser…

De repente el viernes por la mañana, se le ocurrió:

– Marga, ¿Por qué no vamos este fin de semana a mi casa del pantano? Avisa a algunos de nuestros amigos y lo programamos.

-Me hace ilusión, ya hace tiempo que no disfrutamos de un día de campo todos juntos.

– Por mi hecho. Lo dejo en tus manos.

No encontraron a nadie disponible, por ser planes de última hora, así que se fueron los dos solos.

Pasaron la tarde, paseando, navegando en una pequeña barquita que tenía Alonso…hacía buen tiempo, pasaron una tarde distinta, plácida, fenomenal…

Cuando oscureció y empezó a notarse el frío de la noche, se retiraron a escuchar música y a leer; era una de las actividades que hacían siempre que estaban juntos. Les encantaba hacer comentarios de sus diferentes lecturas.

Después de cenar, se sentaron en el sofá, y hablaron, hablaron, tenían conversaciones larguísimas, nunca les faltaban cosas que decirse…y cuando se dieron cuenta, estaban abrazados, acurrucados, mirándose a los ojos, entre besos queridos por los dos, como lo más natural… cogidos de la mano, se fueron a descansar…

Cuando se despertaron al día siguiente, se dieron cuenta que habían sido felices.

-Voy a preparar un café calentito para desayunar, lo haré mejor que el del bar, para “impresionarte”¿te parece? Se lo dijo con ironía, y ella correspondió con una gran carcajada.

-Si, yo mientras preparo las tostadas y los zumos. Pienso esmerarme para no ser menos.

Cuando Marga volvió se acercó a la mesa ya preparada, vió un folio doblado encima de su servilleta. Lo abrió, nerviosa, algo intuía y leyó:

“Creo que sin saberlo, algo me dice que llevo mucho tiempo enamorado de ti. Te quiero”.¿Cómo he estado tan ciego?

Marga, le cogió la mano por encima de la mesa, sonriendo y mirándole a los ojos dulcemente, le dijo:

-Ya era hora. Pensé que este instante tan deseado, no iba a llegar nunca.

Se levantaron y abrazándose con una suavidad intensa, se rieron los dos.

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2 respuestas a SALIMOS…III

  1. alpuymuz dijo:

    Lo mejor: que “El gato al sol”, se despereza y sigilosamente se entrega al movimiento…
    Lo superior: el movimiento de escribir; y, el brío del intento.
    Lo interesante: que pueda inducirte a ese encanto y tensión ante la página en blanco.
    Llegará el aliciente. Mi felicitacién, por el relato concreto en el despegue.

    Todo ánimo. Mil abrazos. Al.

    • junupros dijo:

      Sí, aciertas plenamente, el gato se “despereeezaaa”, pero todavía tiene poco empuje. Tengo varias ideas; me falta tiempo…
      Me gusta que te interese lo que hago, aunque sea un poquitín, y quedo muy agradecida por tus consejos y deseos.
      Un fuerte abrazo. Gato

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