VIVENCIAS

 

 Un suave atardecer …

Tenía una tarde gris, apática. Estaba con los plomos medio fundidos; de esos días en que las neuronas no conectan; no tienen, ni dan luz.

Salió al jardín de su casa de campo y se tendió en la hamaca que tiene colgada entre dos recios abedules. Es de colores alegres: rojos, verdes, sienas… Le encanta su mecer, si me dejo, pensó, puedo entrar en casi una dulce nirvana. Hacía calor, una ligera brisa acariciaba su piel dándole, un frescor agradable de tarde de verano.

Estando meciéndose, fijó los ojos en un punto, como hace siempre que quiere dejar su mente en blanco, no pudo, algo llamó su atención; le trajo a la memoria, recuerdos casi olvidados. No, más bien dormidos, de la época en que tuvo sus vivencias por la Galicia profunda, siendo muy jovencita y ejerciendo su preciosa profesión de maestra.

Desde el punto en dónde se encontraba veía además del prado verde, un poco a su izquierda, un conjunto de árboles, no un bosque, ¡no!, era una familia de robles, que aquí en Galicia se suele llamar “fraga”.

En el prado, lo que le llamó la atención, fue ver a lo lejos, como pastaban tres vacas y dos ovejas. Lo hacían plácidamente, levantando la cabeza de vez en cuando y mirando al cielo, (según dicen por las aldeas: miran al cielo, dándole gracias a Dios por tener comida), bajo la mirada supervisora del perro, pendiente de las órdenes de su amo y una abuela, dueña de los animales.

Ésto le trajo vívamente el recuerdo de aqueños años. Ella era de ciudad. Su familia nunca había pertenecido a nada relacionado con el campo, por lo que le causaba todo una curiosa sensación, que algunas veces la llenaba de estupor.

Cerró los ojos, y se puso a rememorar una tarde cualquierade aquellos tiempos…

Se sintió en una de las aldeas dónde había vivido, cuando volvía a la casa de labranza, dónde se alojaba, se involucraba en las tareas labriegas, aunque fuera como simple espectadora.

Recordó una de las tareas de todas las tardes. Era ir con las vacas…

El “ir con las vacas”,  es llevarlas al prado a pastar; va con ellas, un niño, cuando sale de la escuela, con su cuaderno de actividades. Un abuelo con cachaba y su transistor, oyendo el partido de futbol, o la abuela con su ganchillo, o las agujas de calcetar, haciendo tapetes para las mesas camillas, mantas de lana muy coloristas, hechas con trozos que le han sobrado de otras labores, o una chaqueta de lana gorda, para algún pequeño de la casa. En los pueblos se aprovecha todo y al mismo tiempo sirve de distración y entretenimiento.

Observaba que el perro, es el elemento principal.  de esa tarea. Una de las cosas más curiosas es ver su inteligencia, ver como se entiende perfectamente con su amo. Está tranquilo, sentado, durmiendo, y de pronto una vaca se sale al prado de otro vecino… solo tiene que decirle: “Ton, fálalle á Marela o á Moura o a Teixa”, (las vacas tienen sus nombres propios), el perro sale corriendo, como una flecha, se acerca a la vaca infractora y va con sus ladridos riñéndole, moviéndose por un lado y por otro, hasta que logra meterla de nuevo en su recinto. ¡Bien! es como cuando un trapecista agarra la barra del columpio contrario. Satisfacción.

Una vez hecho su trabajo se vuelve a sentar al lado de su amo, como malhumorado, lleno de razón, rezongando, mirándole fijamente a los ojos como diciendo: ¿Le dí su merecido o no?. No espera contestación, tranquilamente se duerme enroscado, hasta  que vuelven a ordenarle, un nuevo trabajo.

Cuando la tarde empieza a oscurecerse, llega la hora de la retirada: “Ton, imos a casiña ata mañá”, le dicen. El perro vuelve a recoger el ganado, con sus ladridos, y les muestra el camino de retirada a la “corte” o establo.

Entiende perfectamente lo que le mandan, porque se va a la vaca o la oveja que le dicen, no a otra. Por el camino para casa, las lleva bien enfiladas, para que no obstaculicen el tránsito normal de coches o vecinos. Son animales fieles e inteligentes. Cuando finalizan su tarea, miran a su amo dando saltos de contento, casi riéndose, esperando la recompensa de la aprobación.

Después llegaba la mágica hora de la cena. Ya con la relajación del trabajo cumplido… el descanso. Alrededor del fuego, se solían comer los guisos más ricos del mundo: patatas amarillitas con conejo, caldo gallego, repollo con refrito y huevos…¡una delicia! Se contaban cuentos de muertos, de vivos, se jugaba a las cartas con vecinos, que venían de visita. Vivía algo tan diferente como hermoso. Estaba sumamente integrada.

Ver eso es un placer, pero no lo es menos el pasear por las fragas gallegas. Sus corredoiras… Son pequeñas pistas o caminos de carros,  llenas de encanto, llenas de misterio. Su frondosidad, hace que no veas el final y así puedes soñar…

Es una pura maraña de árboles engarzados unos en otros, llenos de níqueles de distintos verdes, que le dan vida; de sonidos, de cantos de pájaros, ruidos extraños, por el movimiento de algún animal corriendo asustado a su madriguera. ¡guau! a veces te crees en un mundo irreal, el paraiso encantado; da un poco de respeto, notas que inflinges su intimidad. Estás como Alicia en el país de las maravillas.

Es para sentirlo y vivirlo, explicándolo pierde encanto.

En temporada de otoño o de primavera, que los días son más largos, en los recreos o al término de la jornada, solía pasear con un grupo de niños y entonces, la que empezaba a aprender era ella. Pasaba de maestra a discípula.

Para la gente del lugar era “la señorita”. No le sonaba demasiado bien, aunque le daba un toque elegante, sobre todo de respeto. Más de una vez, cuando se adentraba más de la cuenta por frondosos caminos, gritaba desde lejos algún labrador (el campo gallego está lleno de ojos, que te observan desde cualquier lado. Nada puedes hacer sin ser visto):

– ¡Señorita teña coidado co cocho bravo! El cocho bravo es el jabalí, que cuando tiene cría se pone agresivo por defenderla.

 Normalmente no ataca, solo se defiende de posibles peligros. Eso lo aprendía entre otras cosas, en sus “tarde ecológicas”.

Como decía, la fraga está llena de encanto, de misterio y puedes desarrollar todo lo que quieras la imaginación. Pensar como una niña, en que hay gnomos que viven en los troncos de los árboles, enanitos trabajando para una hermosa princesa, árboles que te hablan, otros que te miran, nada es indiferente, hasta las zarzas te enganchan, con intención de abrazarte…etc. También puedes encontrar meigallos. Ésto es real.

Fuera de Galicia, suelen decir: yo no creo en las brujas… aquí se llaman meigas, y las hay…¡vaya si las hay! Diría que las he visto. Bueno ver, lo que se dice ver, no, pero las he oído y casi rozado cuando han pasado a mi lado.

Por eso paseando por las fragas a veces encontrabas meigallos.

– Señorita, ¡mire un meigallo!

 No es otra cosa, que un paquete abandonado, que se suele dejar en secreto con algún obsequio, bien sea alimenticio o práctico, para que sea recogido por la meiga que te importuna y así tenerla contenta.

Con esta forma de pago, se intentaba lograr deshacer el meigallo o embrujamiento, alejando de tí y de tu gente la mala racha por la que se estaba pasando, en su creencia, lo achacaban a la meiga o bruja que pulula por el ambiente y que les quería mal.

Los niños cantaban, reían, hablaban, me sentía plena. Volvíamos para casa distendidos, relajados, no se necesita más…

De repente, se despertó y mirando a su alrededor se sintió alegre. Con el recuerdo, había pasado una tarde feliz. Sintió nostalgia de aquellos tiempos felices y suspirando, notó que la apatía se había esfumado como por encanto. Tenía ganas de vivir.

 

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2 respuestas a VIVENCIAS

  1. alpuymuz dijo:

    Pues el relato, lo encuentro muy lindo, y como reflejo de un entorno que desaparece, que dejó paso a otros frutos.
    Definitivamente debió ser un tiempo y una vida singulares; ahora, te da pie para letras con buen sentido.
    Me gusta. Insiste. Felicidades.
    Bicos.

    • gato dijo:

      Creía que no te iba a gustar, por lo que me siento feliz. ¿ Podría ser de otra manera?
      Viniendo de tí, es un halago.
      Sí, fue un tiempo dificil de olvidar. Dará paso a “más vivencias”, en relatos próximos.
      Muchas gracias y un beso. Gato

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