Un día cualquiera

Son las siete horas de la “madrugada”. Ella mira el reloj, y se da cuenta, que le quedan escasos minutos para levantarse. Aprovecha hasta el último momento dando vueltas y vueltas y exclamando con el pensamiento: Ya voy, ya voy…¡qué pesada!

Nunca le gustó que sonara el despertador. Jamás lo programa. Es como una agresión a su cerebro, prefiere mirar varias veces en la noche y controlar. Controla hasta dormida.

Por fin toma la decisión de levantarse, le resulta dura, pero “valiente”. Se felicita. Ha sido capaz de hacerlo. Sóla, se anima.

Va al cuarto de baño, para asearse, arreglarse y lo primero que ve, es su reflejo en el espejo, se fija y dice: ¡vaya cara!, ¿quién es esa?. No se reconoce, con el tiempo se ha vuelto así…¡qué va a hacer!

Hace unos años era una alegría mirarse, soriente, plácida, pero eso, era antes, antes, todo lo mejor era antes. Ya quedó atrás. ¡bah!

Una vez vestida y aseada, intenta desayunar y lo consigue, ¿ves?eso sí, lo que no perdona es su cigarrito con sus pensamientos mañaneros. Ante eso, le daría igual llegar tarde, pero el cigarro, es el cigarro. Para ella todo un rito.

Da una calada, aspira y cuando suelta el humo lentamente, siente un hermoso placer al ver como se expande buscando la ventana. Otras veces hace redondelitos, que suben por encima de su naríz. ¡Qué gozada!

Coge sus bártulos, se echa un poco de perfume y sale camino del trabajo. Pura monotonía y ¡qué no falte!. Así un año y otro año, de noche, de día, de día , de noche…

La brisa de la mañana, le ayuda a despertar del todo. Ya llegó el nuevo día, ahora sólo dejar pasar las horas y salir ilesa de los peligros que pueden acechar.

El trabajo es grato, no gratificante, algunas veces, lo que podía ser peor…es mejor. Es una buena evasión para los problemas, que no son pocos.

Van transcurriendo las horas y sale el sol. Es un día radiante, de temperatura agradable y suave brisa, con un fuerte olor a mar, aquí diríamos a nécora fresca. Cada vez se siente más conforme con su día. Está bien, su estado podría ser envidiable para algunos y cuando ya va finalizando, hace balance y piensa: por lo menos mañana que sea igual que hoy.

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2 respuestas a Un día cualquiera

  1. alpuymuz dijo:

    Que me gusta la entrada, por adelantado, lo primero. Ya lo testifica el señor Breogán y la misma Torre de Hércules porque obedientes a mi deseo. No me digas cómo: es un secreto.

    Dictado muy ágil y ligero… impresiones… el tiempo en su ser y en nuestra piel… Bueno, es lo que hay; en realidad, todo se ha de suceder a su aire, calmado o chisposo… Toca la espera, la conformidad, la sonrisa…

    Está muy bien, es muy ligero. Estarás contenta. ¿Hace un abrazo calmante para mejorar el mañana como mejor que el hoy?. Pues, hecho.

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