Tomás

¿Cómo conocí a Tomás? Fue de forma casual e imprevista, pero difícil de  olvidar.

Hay unas montañas enfrente de mi casa de verano. Las veo desde el balcón, y están llenas de vegetación y arboleda; la verdad es que invitan continuamente a que se les haga una visita, porque en verano están verdes, pero en época de primavera, se ven como una mancha amarilla por la cantidad de mimosas en flor.

El perfume dulzón que desprenden esas flores me gusta, y respiro olfateando con la cabeza levantada como lo haría mi perro, para ver si me llega algo, pero nada…

Llevaba tiempo con ganas de acercarme un día hasta allí, ya no había flores, pero la montaña me llamaba.

Por otro lado, una conocida del lugar me dijo que había muchas plantas de frambuesa. Me gustan, así que sin pensarlo más, un día cogí una cestita a lo Caperucita, con lobo incluído, porque me acompañaba mi  pastor alemán, y con el coche me acerqué hasta la falda de la montaña, para empezar mi excursión bucólica.

Iba tranquila protegida con mi perro, y sin darme cuenta ,nos fuimos adentrando cada vez más en el bosque. El silencio era total, solo se veía interrumpido por el chasquido de alguna rama seca al romperse, o por el corretear de un conejo, buscando asustado su madriguera.

 Tanto nos adentramos que de pronto, levanté la cabeza y el perro algo me quería decir, se colocó a mi lado esperando que le diera alguna orden para protegerme, entonces me fijé y ví, como una aparición. Un hombre de pelo canoso, más bien largo y con barba blanca,  se encontraba sentado en el tronco de un árbol. Vestía limpio pero con gran austeridad; enseguida me di cuenta que para él lo material no tenía mucha importancia. Nos miraba sonriente y al ver mi cara de estupefacción me dijo:

– No temas, siento haberte asustado. Te llevo observando desde que entraste en el bosque y me hace gracia tu sencillez de movimientos.

-Es que no esperaba encontrar a nadie por aquí. No me habían dicho que ésto estuviera habitado. Irradiaba tanta amabilidad, que daba confianza y cercanía. Su sonrisa era continua y contagiosa.

– Sí vivo aquí desde hace tiempo, ven si tú quieres y te enseñaré mi pequeña casa, por llamarle de alguna manera.

Subimos un poco más y aprovechando una oquedad, me quedé maravillada del ambiente tan acogedor en el que vivía. No había nada, una simple mesa hecha por él y un pequeño banco de trocos. Al final se veía un saco de dormir, las paredes cubiertas con telas de colores vivos, y lo demás eran libros, libros y más libros, también tenía alguna caja, dónde debía de guardar algo de comer, no lo sé.

Siéntate a mi lado, me dijo, pero no de forma imperativa, lo percibías como un cariñoso ruego. Desprendía calma. Yo le obedecí, la curiosidad me podía, había encontrado el tesoro del bosque.

¿Te extrañas?, me preguntó.

Dudé y encogiéndome de hombros, no supe qué contestar. Entonces Tomás empezó a referirme su circunstancia:

-No siempre viví aquí, como puedes suponer, lo hago ahora por el placer de sentirme libre sin las ataduras de la sociedad que tanto oprimen.

Mi vida llegó un momento en que perdió el sentido para mí. ¿Te das cuenta de lo qué eso supone? Me envolvía de tal manera que no lograba conocerme. No tenía ni un minuto libre para pensar. Estaba subido en un terrible tobogán que nunca paraba y cada vez me exigía más. Escalón que subía, era un impulso para alcanzar el siguiente. Era insaciable.

Ejecutivo agresivo me solían llamar, trabajaba en una línea aérea americana. Tenía reuniones, congresos, comidas, asambleas, viajes… Un día me dije ¿y tú, dónde quedas tú?. Tuve la fuerza y la sabiduría de poder parar, aunque me costó mucho esfuerzo el lograr rectificar mi vida. Al principio estaba perdido, vacío, pero lo que sí tenía claro era lo que buscaba: el gozo del silencio y el disfrute de la soledad.

 Vagué sin rumbo hasta que encontré este lugar y aquí me quedé para ejercer mi verdadera vocación. Ahora puedo leer, pensar, escribir, filosofar. No necesito nada más. Solo quiero sobrevivir. Era agnóstico y ahora creo por pura convincción, después de muchos razonamientos. Estoy contento por ello porque cada vez estoy más cerca de lo que busco…

-¿Te he cansado con mi discurso? Es mi verdad y hoy contigo me he explayado. Estoy contento de haberte hablado. ¿Volverás?. A mí me gustaría.

-Claro que sí. Estaba admirada y encantada con el logro de esta incipiente amistad. Hablamos toda la tarde, sabía de todo, era una delicia escucharle, sus palabras eran suaves consejos empapados de humildad, casi daba la sensación de que me agradecía el que le escuchara. Me pidío discreción para que nuestro encuentro no fuera divulgado. Le interesaba el anonimato. Se lo prometí y así fue.

Subí muchas más tardes de aquel verano y cada día al despedirnos, me sentía con una calma especial, como ligera de equipaje. Era un auténtico anacoreta vocacional, pero sobre todo un gran hombre sano, limpio, culto y muy especial.

 Pensé en él todo el invierno, pero al verano siguiente me hizo llegar una nota, no sé cómo, ni por quién, comunicándome que se iba a otro lugar más recondito. Lo acepté,  aunque me gustaría que me diera alguna nueva señal. Su recuerdo y sus consejos cambiaron mis prioridades. Confieso que estaba equivocada. Todo es efímero, excepto si encuentras el camino de tu verdad. Pienso que con una ayuda, nunca es demasiado tarde para poder rectificar. Gracias Tomás.

 .

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Tomás

  1. alpuymuz dijo:

    Quedo admirado, mi excelente junupros, de estos relatos: obedecen a una suerte vaga pero radical -forma, fondo- de arquetipos humanos, de humanidad, de estancia especial o de paso.
    Lo dicho: ¡admirado! Te felicito efusivamente.
    Nos vemos. Un abrazo

  2. junupros dijo:

    Muchas gracias por tu felicitación. Yo también quedo admirada de que te guste. Me das una inyección de fuerza para seguir, impagable. Un fuerte abrazo

  3. alpuymuz dijo:

    Es lo justo y más que razonable.
    Suma y sigue.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s