El sustituto

Lo que no se puede forzar, pues no se puede forzar. Dicho así parece una tontería pero llegar a ese convencimiento, como que ya cuesta más..Por lo menos a mí

Llevaba una temporada un poco perdidilla. No me habían ido las cosas demasiado bien en ninguno de los sentidos. Me había cambiado de trabajo… a peor; la relación que tenía con mi pareja, le daba por lo menos tanta vida como a las pilas duracell, pues tampoco. De forma lánguida, pero no por eso menos dolorosa, se había acabado.

Un día dije, hasta aquí hemos llegado, no me creía mucho que me hubiera quedado sola, pero ¿oye? era verdad; me quedé loca. Tardé en asumirlo, incluso algunos días le esperaba y todo, debe de ser que me falta por lo menos un verano para madurar.

Bueno pues toda decidida, estuve elucubrando sobre posibles giros para encauzar mi vida de nuevo. Así no me podía quedar. Ya me había cansado de lamerme las heridas y no adelantar nada.

Empecé a pensar en apuntarme a una escuela de baile, nunca está mal que en una reunión te admiren por algo ¿no?. Tocar la guitarra… no, lo intenté ya varias veces y es más para adolescentes tontitas. Yo ya soy una una mujer talludita, pues brinco la cuarentena y tenía que buscar algo como más “culto”. Ya está, me apuntaré en la escuela de idiomas a estudiar inglés. Eso mola, ¿qué haces por las tardes?, estudio inglés, qué guay.

 En realidad no me servía para nada. No mejoraba mi posición en el trabajo, ni pensaba ir a Londres, ni ná de ná, además ya había ido varias veces y no había tenido grandes problemas para comunicarme. En los museos no se habla , en los monumentos tampoco, y con gestos me entendí perfectamento para salir airosa. Lo que yo buscaba era cambiar hábitos y conocer gente nueva, incluso tener una aventurilla, en la escuela podía ser, digo yo. Bien, pues dije mal.

Empecé el primer día y fenomenal, compañeros estupendos…la profesora una nativa ella, de unos cincuenta años, con cara así sonrosadita, vamos como si tuviera catarro nasal, grandona, feota… pero enseñaba, sí, la clase estaba entretenida, aunque casi todo eramos mujeres y a mí, me habría gustado más “variedad”, pero bueno tampoco me iba a poner en plan estrecho los primeros días.

Estuvimos así como dos meses y un buen día apareció un profesor sustituto. La anterior se había tenido que ir y él iba a continuar con las clases. Yo quedé alelada. Desde el primer momento, me puse a seguir sus clases con arrobo, le miraba fijamente y se dió cuenta, ¿cómo no se iba a dar? y comprendí que le gustaba mi fijación, terminó hablando casi para mí directamente.

Bien pensé, ésto va y la verdad es que no estaba nada mal. Salíamos al terminar la clase y un grupito, siempre con él tomábamos un café En directo era mucho mejor, coqueto, seductor ¡buff! a mí me gustaba y se dió cuenta, no hacía nada por evitarlo, es halagador para cualquiera ¿o no?. Una tarde al salir de pronto dijo: Perdón, tengo que irme, me están esperando.

La esperando, era una chica bien parecida, que se dirigía hacía el grupo sonriente, él se acercó a ella, se dieron un beso, y cogidos de la mano se fueron andando hacia el coche que estaba en el aparcamiento.

Me sentí ridícula, había ido formando en mi imaginación una ilusión inexistente ¿Por qué fuerzas, me pregunté? Por la necesidad de huir, buscando una salida. No da resultado, ¡céntrate!.

Lo pasé un poco mal, pero seguí asistiendo a las clases, con menos entusiasmo, era evidente, pero inexequible al desaliento, decidí que el año que viene, si todo seguía igual de mal, me matricularía en ruso.

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3 respuestas a El sustituto

  1. alpuymuz dijo:

    Dado que lo que no puede ser, no puede ser, y por lo general es imposible… pues, ¡ea!
    Parece nacido ahí tu trabajo,tan fresco y risueño. Con acomodo y guasa… sigue. Estupendo.
    “La esperando”… Un entender muy sabroso. ¿Ganó a la pugnando? A veces es asunto de manejar la elegancia espiritual, de caer en la cuenta acertada.
    Mejor no saber. Pero, ¡mujer!, el ruso… no mejor, el portugués… Ya sonrío.
    Aplaudo el suelto vientecillo del escrito. Ni me hagas caso.
    Mis abrazos al hilo.

  2. junupros dijo:

    A “la pugnando” le dió pereza la lucha, además no suele entrar en campos vedados o semivedados. Hay muchos rusos…¿o no?. Un abrazo.

    • alpuymuz dijo:

      La tira…pero, ¿en tu lugar? Igual llevan el frío consigo. Tú verás si a la buena y generosa le va la balalaika, sus tinos metálicos…
      ¡Ni te plantees hacerme pizca de caso! Abrazos…

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