El sueño

“Desde donde se encontraba con la mirada perdida imbuída en sus pensamientos, oyó como introducían el llavín en la cerradura de la puerta. Miró la hora y se alegró de que por fin hubiera ya pasado la mañana.

Ella estaba atravesando una mala temporada. Varias cosas le habían salido mal, había tenido problemas de diferente índole, estaba decepcionada, sin ilusiones, todo le daba igual y lo peor era, que incluso notaba que el suelo se le movía perdiendo la estabilidad y la confianza en si misma. Lo único que le interesaba era quemar horas y días, que el tiempo pasara ¿para qué? Le daba igual, era una huída hacia delante. No tenía en la mente espacio para otra cosa. Era como si la soga que la aferraba a la vida se hubiera cortado. Se encontraba desanclada.

– Hola, le dijo acercándose para darle un beso en la mejilla. ¿Aún no te has vestido?

– No, como no pienso salir, no lo vi necesario, así estoy más cómoda.

– Hoy, un compañero de trabajo, me ofreció una propaganda de unos “hoteles con encanto”, me gustaron y he reservado cinco días para perdernos, solos, creo que nos vendrá bien cambiar un poco lo cotidiano ¿te parece? Se lo dijo mientras le daba las reservas

–  Si tú quieres ir, me parece bien.

Al día siguiente por la mañana, metieron lo indispensable en un pequeño maletín y se dispusieron en silencio a afrontar la “aventura”.

Él conducía y pensaba la manera de poder solucionar la situación. Devolverle la confianza, sacarla de la deriva en la que estaba lanzada. Mil veces lo había intentado y ésta deseaba con toda su alma, que fuera la definitiva.

Llegaron al hotel. No era muy grande y de verdad pensaron, que tenía mucho encanto. Estaba rodeado de montañas, salpicadas con casitas blancas, como si de un belén se tratara. Como era primavera, los campos se veían de un verdor intenso, a rebosar de flores silvestres de distintos colores: azules, rosas, malva, pero sobre todo amarillas, simulando desde lejos, un elegante tapíz.  A escasos metros pasaba un río que dejaba oír el sonido de sus aguas cristalinas. Les dijeron que siguiendo la ruta marcada, llegarían a una exuberante cascada, después de pasar por varios molinos ya en desuso, pero perfectamente conservados. Les gustó la idea.

En un principio ella, al estar fuera de sus posesiones habituales, se mostraba de forma protocolaria. Él no podía estar más obsequioso, más cariñoso, más auténtico. Ella se dejaba guiar, sin mucho entusiasmo. No terminaba de ver la luz.

Hicieron varias excursiones por los alrededores, visitaron monumentos, parajes idílicos y en seguida llegó el final de la travesía. Ese día por fin, decidieron ir hasta la cascada de la que les habían hablado. Ella estaba más alegre, hablaba, comentaba, hacía planes. Él se sentía satisfecho ¿Habría acertado esta vez?

Después de recorrer caminos sinuosos, cogidos de la mano, en plena naturaleza, ellos dos sólos, amparándose el uno en el otro, sintiéndose… llegaron a la cascada. Era espectacular, aturdía los sentidos por inesperada. Allí, se sintieron transportados a su mundo particular. Como de forma misteriosa hubo un total reencuentro. Se cogieron por la cintura, él transmitiendo una infinita ternura, deseo y comprensión, ella un agradecimiento pleno. Apoyó la cabeza en su pecho y notó como con su protección, su alma se mudaba en una total catarsis de entrega, desterrando la melancolía.  Era lo más auténtico de su vida”. 

 ***

 Se despertó suavemente, con una sonrisa en los labios e invadida de dulzura. Por un momento dudó sobre el lugar dónde se encontraba. Estaba transportada a una fantasía que había sido realidad hacía ya, tanto tiempo… Miró alrededor de su habitación. Todo permanecía igual que siempre. Todo, como si él estuviera a su lado. Un rayo de sol se filtraba por la ventana a través de la cortina, el espejo le devolvía la imagen de una mujer madura,  de cabellos plateados, que con el sol adquirían bellos reflejos.

Quiso atrapar ese hermoso sueño, esa vivencia irrepetible, que yacía en su inconsciente, pero no se dejó. Los sueños, no se dejan, pensó. Miró a su lado y estaba sola, sola como ya hacía cinco años, pero ella sabía que él vigilaba sus movimientos, la cuidaba, como siempre lo hizo cuando vivía, como un ángel protector maravilloso y querido.

Cerró los ojos y se repitió mil veces, ” tienes que vivir, tienes que seguir, aunque solo sea por los bellos recuerdos”. Pero no obstante se dijo: “desde ahora dormirás en la oscuridad y sin sueños”.

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4 respuestas a El sueño

  1. alpuymuz dijo:

    ¡Ah, hermosa… que queda muy bien! Sí me ha gustado, tiene sus novedades y su precipitación. Desde luego, me gusta más el “tienes que vivir” repetido mil veces sin cansancio, que ese “ahora dormirás en la oscuridad y sin sueños”. Pero el recurso de realdad ante el ensueño con sus páginas, es tan legítimo, como amargo e intenso. Es escritura y opción al crear.
    Insisto, querida J.: me ha gustado leer esta entrada, delicada y con desencanto. Pero es así, y perfecto.
    Todo un abrazo.

    • junupros dijo:

      ¿Desencanto?. Es que los sueños, si no son pesadillas, siempre mejoran la realidad. Hay veces que sueñas tam bonito, que da mucha pena despertarse; si lo haces, intentas dormirte de nuevo para ver si puedes volver a engancharlo. A mi me pasa. Muchas gracias por todos los demás adjetivos de realce. Sinceramente, me gustan. Adeus.

  2. brujjilla dijo:

    *-) Yo juraria que te habia escrito un comentario 😦

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