LA VIOLINISTA

Angus era un virtuoso del violín. Tenía numerosos conciertos por toda la geografía mundial y actuaba por los prestigiosos palacios de la música en dónde era requerido con gran éxito.

Estaba desde hacía un mes en su ciudad, era muy querido por ser cuna de todos sus antepasados. El orgullo de sus paisanos por haber triunfado y llevar el buen nombre de su tierra por el mundo. Era un lujo.

Le habían contratado para una serie de recitales en el teatro y todas las noches se colgaba el letrero de “no hay entradas”. Se ponía a rebosar y eso que el aforo era bastante grande de acuerdo con los habitantes de dicha ciudad. También venían de las ciudades limítrofes aunque, la mayoría se habían hecho con el abono de todas las actuaciones y asistían todos los días. Desde el escenario, veía caras ya familiares dentro de lo poco que podía ver por el deslumbre que le provocaban los focos.

Había accedido a hacer estas representaciones, haciendo un hueco en su apretada agenda con un motivo muy especial: dedicarle un homenaje a su padre, ya fallecido y, que también había sido un gran amante del violín, aunque la vida le había llevado por otros derroteros. Fue su mentor. Creía en él. Nunca podría dejar de agradecérselo.

No había podido ofrecerlas antes, cosa que le apenaba, pero tenía la satisfacción de tener todos los días a su madre, sentada en el palco principal con lágrimas en los ojos mostrando una mezcla de felicidad por lo que oía y de nostalgia y tristeza por lo que ya no tenía.

Desde casi a principios de sus actuaciones observó que entre bastidores, y semiescondida entre los cortinajes rojos de terciopelo, asomaba ligeramente la silueta de una niña, más bien de una adolescente, con aspecto menudo, frágil, delgadita, de tez morena, melena larga y lisa, pero sobretodo con una expresión en los ojos de tristeza profunda y con una atención casi inaudita a todos los movimientos y acciones de Angus.

Le llamó la atención, pero apenas le dió importancia, pensó que sería la niña de alguno de los tramoyistas.

En todas sus actuaciones él estaba totalmente trastornado, embebido en su música. Con cada nota que suavemente arrancaba de aquel stradivarius, su alma volaba fuera de sí, veía diminutas bolitas de colores refulgentes, que desaparecían por todo el espacio del teatro como pompas de jabón, perdiéndose en la nada, buscando la comunión con su padre, que seguía todos y cada uno de sus acordes. Él lo sabía.

Uno de los días cuando estaba en su camerino descansando, concentrado en sus pensamientos, agotado del esfuerzo realizado en la representación, solo, ya se habían ido todos los amigos que venían a felicitarle, sintió un pequeño golpe de llamada en la puerta e inmediatamente apareció la niña mirándole fijamente.

-Hola, ¿quieres felicitarme tú también? Se lo dijo sonriendo, pero no obtuvo respuesta.

– ¿Qué quieres? Volvió a insistir Angus.

Al fin la niña con un hilo de voz casi imperceptible le susurró:

-Te oigo mal, un accidente me ha dejado con una sordera casi total, pero siento tú música…

Se deslizó con un movimiento casi felino hacia dónde estaba el violín ya en su funda y mirándole, siempre mirándole con sus ojos serios, tristes y profundos le preguntó:

-¿Puedo?

-Claro que sí

Se abrazó al instrumento apoyando su carita en la madera y un torrente imparable de lágrimas se deslizó por sus mejillas.

Angus quedó impresionado e intentando consolarla, se interesó por la niña.

Poco a poco ella le fue relatando que vivía con sus padres y hermanos, que todos los días se escapaba de casa para ir a verle, los apuros que pasaba para esconderse entre la gente y eludir al portero de la entrada y cumplir su objetivo.

No tenía amigas, por su carencia se mofaban de ella, y más cuando decía que quería ser violinista con su sordera. Le relató que pasaba las horas sola, acariciando su sueño del que no desistía. No entendía porqué la rechazaban. Sí, se veía diferente, por lo que timidamente se apartaba a su casi mudo mundo y muchas veces con desesperación y desconcierto… lloraba.

Le comentó que en sus silencios solo oía música, que sus sueños eran sonoros, que su vida estaba llena de notas musicales, le pedía ayuda para poder cumplir su sueño, aunque era consciente de que debía de ser inalcanzable.

-Con esfuerzo lo podrás conseguir, pero es un camino difícil.

– Lo sé, quizás para mi imposible.

Angus se sintió conmovido y pensó ¿cómo podré ayudarla?, algo le decía que estaba ante algo excepcional. Ahí podía volcarse y devolver un poco de cuánto había conseguido con ayuda de otros.

La acompañó hasta su casa, una casa humilde, pero se respiraba amor. Habló con sus fpadres y trató de convencerles para que la dejaran ir con él de gira, acompañada de un familiar que pudiera hacerse cargo de ella.

En principio notó un poco de reticencia, Les parecía que ofrecía mucho a cambio de nada. Temían por la niña. Había desconfianza, pero pronto les convenció. Agnus no tenía maldad, lo hacía por generosidad y se notaba.

Se la llevó con él y empezó a darle clases en sus ratos libres. La niña tomaba el violín en sus manos y se transformaba, todo lo que tocaba eran pequeñas obras propias, tenía armonía, creaba, no necesitaba partitura. Ella era su partitura. La llevó con él a todas las ciudades dónde actuaba y poco a poco notó que toda la niña era música.

Cuando creyó Angus que estaba preparada para la presentación al gran público, organizó un concierto actuando los dos. La niña tocaba y danzaba al mismo tiempo moviendo su cuerpo y agitando su melena de forma frenética. Los espectadores contenían la respiración. El violín y ella eran un todo inseparable. El éxito fue rotundo. El palacio de la música resplandecía con calurosos aplausos. Subía y bajaba el telón y los aplausos no cesaban. La niña sonreía feliz. Sus ojos también sonreían dulcificados gracias a su mecenas. Los dos estaban satisfechos del resultado y cogidos de la mano saludaban al público transmitiéndose amistad. Siguieron dando conciertos.

Un día le habló suavemente diciéndole:

-Debes de empezar a actuar sola, creo que estás preparada para ello.

-Yo no puedo dejarte, no sabría sin tí.

– Sí, hagamos la prueba. La paloma ha remontado su vuelo, ya ha alcanzado su objetivo, ten confianza y vuela.

Así fué. Angus con gran generosidad, había creado su mejor obra, había conseguido tocar las estrellas, ella estaba radiante y agradecida a su benefactor, por fin alcanzó su gran sueño: había nacido LA VIOLINISTA.

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6 respuestas a LA VIOLINISTA

  1. alpuymuz dijo:

    Querida Ju: mucho de cuanto puedes se ha soltado y en notas de sílabas y palabras adecuadas y justas para la cadencia del relato. Por cierto, tan sencillo como revelador y tierno… eso creo.
    Y otro aspecto colateral en él: ¡Que mal paladar debe quedar cuando se siente no haber dado a lo querido cuanto pudo y debió ser necesario! Y a veces es tan fácil como una mirada, una palabra, una sonrisa o un tovar la mano.
    Te ha quedado, para mi gusto y esperanza, muy bien. Pues, anímate abundante.
    Mi querer y aprecio por tu persona -entonces, de la mano de lo significado- que no se quiebre, que medre y se agigante ab infinitum. Besos fecundos.

    • junupros dijo:

      ¡Puaff! muchas gracias. Yo escribo poquito, porque no tengo tiempo, pero de ahora en adelante llamaré a las musas y …ala! a escribir para ver que sale.Si te ha gustado pues, ¿qué mejor?.
      El querer y el aprecio, espero que sepas que es correspondido, mientras…Deica logo.

  2. brujjilla dijo:

    Pero que relato más bonito.
    Yo no sé que tienen tus palabras que hacen que me emocione tanto.
    Ya tengo las lágrimas arrasando mis ojos.

    • junupros dijo:

      Por ser tan agarimosa, contestoche no idioma que lembro ten pon tola de delicia. Moitas grazas, eres do milloriño que hay na rede. ¿Estalo pasando ben nas tuas vacacións? Seguro que si, merécelo. Un bico cunha grande aperta.

      • brujjilla dijo:

        Este fin de semana marcho a Madrid, e verei os meus amigos galegos :D. Canto as horas que me faltan e en setembro, por fin, subo a Coruña, conto os días que me faltan jajajajaj.
        Estou emocionada. 😀
        Bicos mil

  3. junupros dijo:

    Vexo a túa entrada e engado a túa contestacón a moita delicia que me supón que podas vir a estas terras tan queridas para ti.
    Si podes me avisas e se estou na cidade, terei moito gosto en coñecerte e tomar unhas taciñas de viño do Ribeiro. ¿Queres? Pois veña, dimo e eso está feito. Quedo a espera das túas novas. Un bico.

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