Hoy… volví

Subí a la planta alta de la cafetería del aeropuerto. Había alguna mesa vacía. Me instalé en una discreta y desde allí observé el ir y venir de los pasajeros…¡Se me  agolpaban los recuerdos!.

La terraza de la cafetería estaba a rebosar de personas esperando la salida del primer avión. Ya estaba preparado en la pista con los viajeros embarcados, esperando que le dieran orden para coger ruta. Qué de promesas, tristezas, ilusiones, alegrías vibraban en el ambiente;  cuando un medio de locomoción colectivo emprende el camino, siempre queda algún sueño perdido para siempre o ganado, según el caso.

Permanecí sentada en mi mesa y de pronto me sentí invisible, nadie me miraba, a nadie importaba, después de todo era lo normal, todos llevaban su cometido y desde luego que yo, no lo era. Me sentí muy sola.

Di un sorbo a mi café y dejé fluir mi pensamiento: desde allí, hacía justo un año, que le había visto partir.

Iba ligero de equipaje, pensativo, lento, yo diría que triste, si, iba muy triste. Él no me vio, pero estoy segura que me intuía. Iba tan lleno de mí, como yo quedaba de él.

Había venido durante los tres meses del verano a trabajar a nuestra empresa. Todos esperábamos al nuevo ingeniero. Traía según decían nuestros jefes superiores, lo último y más avanzado en las modernas técnicas para “un mejor desarrollo y competitividad”. Lo acogimos con cierta prevención, al principio no le mirábamos demasiado bien. Nada que ver con la realidad. Nos encontramos con una persona sencilla, cercana, que creía en el equipo, escuchaba a todos y era también y sobretodo muy asequible.

Debido a que nuestro trabajo era casi compartido, congeniamos enseguida y sin darnos cuenta poco a poco, ahora un café, después una ligera comida para hablar sobre algún tema puntual, ¿a dónde vas?, ¿puedo acompañarte?… así, sin darnos cuenta y con el paso de los días… “a Cupido se le fue la mano…”

No hubo promesas, ni engaño. Desde el principio vivíamos el presente, sabíamos que no había más que una fugaz relación, pero la atracción era incontrolable. Nos buscábamos para estar juntos, llegó un momento que nuestros cuerpos solo querían enlazarse de forma irracional. Temíamos que la atracción que sentíamos el uno por el otro, pudiera acabarse al despertar de ese maravilloso sueño. No, al día siguiente todo continuaba igual.

Llegó el final del verano, septiembre y hubo que despedirse, la separación era anunciada. Él tenía que marcharse al día siguiente, los dos lo sabíamos.

Permanecimos en nuestro refugio, toda la tarde. No podíamos ni queríamos  pensar lo que pudiera ser el después. Cualquier comentario habría sido doloroso. Sólo al final, cuando recogiendo él sus cosas, las aproximó hasta la puerta de la calle, y se volvió para estrecharnos con el último y casi interminable beso, temblando le pregunté:

-¿Cuándo volverás?.

Sus ojos fijos en mí y llenos de lágrimas, contestaron por él. Fue su último adiós.

Vi como se alejaba, no pude dejar de hacerlo hasta que su silueta se perdió en la sombra, la misma en la que yo quedaba envuelta, rebelándome ante la situación con una agónica tristeza.

Él, es posible que ya me haya olvidado, yo… yo no puedo olvidarle. Recuerdo ahora su sonrisa, su olor, sus labios, sus besos, sus manos cuando la última tarde me acariciaba… y me invade una suave melancolía y ¡cómo extraño su ausencia todavía!

Por eso estoy aquí, en la cafetería del aeropuerto, dónde le vi por última vez alejándose en aquel avión de las 15,30 horas, y entre sorbo y sorbo de café, ajena a todo lo que me rodea, me lleno reviviendo aquel tiempo feliz, aquel tiempo que, aunque excesivamente corto me dejó marcada.

 

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3 respuestas a Hoy… volví

  1. alpuymuz dijo:

    Al avión, ay ese cacharro, en el acontecer interno de la historia, lo has empequeñecido y puesto en blando apagado: como un pañuelo del adios melancólico lo has dejado. Efecto fantástico.
    No me dirás,JU, que no ha funcionado: a mí me ha gustado, bastante. Es fatal el desenlace en su índole propia, pero queda bien trazado… y prolongado.
    Eso aparte, y con todo respeto: estás, en cerca, maravillosa. Es seguro, que te he visto.
    Un fuerte abrazo.

    • junupros dijo:

      ¿Me has visto en el aeropuerto?, yo no me dí cuenta porque estaba ensimismada…
      Me gusta, sí, me gusta que te guste, aunque ¡buaaah!, ella está triste,no creas. Fue un amor inmenso. Mis historias de amor rematan regular, eso si, nunca con rencor.
      Un abrazo-

      • alpuymuz dijo:

        Te he visto, si, y estabas, no sé, puede que volando y ensimismada. ¿O lo estaba yo?
        Está triste esa chica, lo creo, sí, pero apostaría… ¡bueno es igual!
        Lo mejor, que te gusta que me guste. Todo, pues, maravilloso.
        Tu abrazo, perfectamente encajado y correspondido, como debe ser. Gracias…

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