Malos tiempos

Hoy, pasando por la zona escolar de mi ciudad; vi algo que me trajo recuerdos de mi infancia, algo en lo que reparo ahora, y que en aquellos tiempos (no hablo de la Reconquista, no, fue hace menos), se veían naturales, quizá debido a la edad no te dabas cuenta da la situación y de los porqués de las cosas.

Me eduqué, como casi todas las niñas de la época, bueno eso creo, en un colegio religioso. Vaya por delante, que no quedé nada traumatizada como algunas veces se oye por ahí. Fué una etapa feliz con los contratiempos de la infancia: la pérdida de algún cromo, no saber en un momento dado la lección, o el enfadarte con tu compañera de mesa, porque usaba tu estuche de pinturas, o te quitaba el columpio en los recreos,¡eso era imperdonable! y hacía que te sintieras muy mal, era lógico ¿no? Con estas cosas, los mayores no te entienden, pero se sufre y mucho.

En los colegios había tres modalidades de estancia, las internas, las externas y las medio pensionistas. Yo era de estas últimas, iba a cenar y a dormir a mi casa. Me levantaba por la mañana, me ponía mi madre el uniforme con su abrigo azul marino cruzado y un sombrero haciendo juego, el cabás con el libro, los cuadernos y el estuche con las pinturas, (no había mochilas, ni carteras), y acompañada de mi hermana mayor me lanzaban andando, a pasar el día.

No había la abundancia que hemos tenido hasta hace poco, no te daban dinero todos los días para chuches, como hacían ahora, y eso que yo no me podía quejar, de vez en cuándo mi padre, me daba para pipas y gominolas, se las compraba a una señora muy mayor, que se ponía a la puerta del colegio con un carrito. Medía la cantidad con un cubilete de jugar a los dados. Le enseñabas el dinero en la palma de la mano y ella calculaba una ración o media, a su arbitrio.

Las comidas en el colegio no eran demasiado buenas, eran pasables. Nadie protestaba. Nunca faltaba la sopa, clara, muy clara, con un olor… que me ha quedado impregnado, no era “muy agradable”, pero ahora, si al pasar por algún sitio me viene un “aroma” parecido, no puedo evitar el olfatear como un perro perdiguero. Me gusta, lo recuerdo con nostalgia. Me transporta a aquellos años. ¡Me estoy haciendo mayor…!

Lo más esperado era el postre. Nos daban diez galletitas, se llamaban paciencias, duras…pero duras…no podías comerlas sino las remojabas un buen rato. Eran como castañas pilongas. Cuando estabas afanada en su dulzor, venía casi siempre la monjita que hacía de portera, con un saquete marrón, y con cara lastimosa te decía: limosna para los pobres. Tú conmovida, le largabas al saquete las que te quedaban, y eso era después parte de la ración de la merienda, bueno con una onza de chocolate. Lo recuerdo sin acritud, con ternura.

Todo ésto era para las privilegiadas, que los padres podían pagarnos la comida, pero las había que se quedaban en el patio, porque no podían pasar al comedor. Traían su fiambrera de porcelana o latón y malcomían frío, lo que su madre le había puesto. Incluso algunas bocadillos de huevos fritos. Eso a mí me causaba una rara sensación, pero como no entendía el porqué, hasta lo veía natural. No iban al comedor y punto. Se vivía justito.

Después vinieron años abundantes. Los niños comían en los comedores escolares, iban a los centros en transporte escolar, nadie se cuestionaba lo contrario y era lo bueno y natural. ¿Por qué no? Todo nos parecía fácil, sencillo y además “teníamos derecho a ello”.

¿ Vivíamos por encima de nuestras posibilidades en todos los aspectos? No lo sé.

Bien, pues hoy al pasar, como decía, por la ciudad escolar de mi ciudad, he vuelto a ver a niñas y niños sentados en las escaleras de la entrada con sus fiambreras, hoy tupperware, comiendo tortilla de patata fría. Lo he comentado y me han dicho que los padres no les pueden pagar los comedores. Están la mayoria en el paro. Han instalado en los centros microondas, pero cobran por calentar los alimentos y…éso, tampoco pueden afrontarlo.  ¡qué malos tiempos!  Cada día te levantas y te dicen que es peor que el anterior, no se ve el final.

Me vine para casa paralizada sumida en un gran desconsuelo e infinita desesperanza. Así  está la situación.

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4 respuestas a Malos tiempos

  1. alpuymuz dijo:

    Una entrada feliz escrita en lo más llano… justo para tratar un tema infeliz,de esos que laceran… Es precioso el recreo con los tiempos pasados (hecho con rara preciosidad), sin duda menos blandos y más vigorosos para las almas con fuste. Del sufrir, pueden sacarse ciertas potencias espirituales, las mismas que se menguan con la opulencia en grado de regalo o de legítimo acceso con trabajo duro…
    Ser o teber; he ahí la eterna cuestión.
    Me ha gustado tu entrada, que parece sencilla y no lo es tanto ni en nada.
    Un gran abrazo, Julia.

  2. dotdos dijo:

    Hola, gracias por pasarte por mi casa y permitirme que te descubra. Me gusta como escribes, te seguiré desde ahora.
    Lo peor de estos “malos tiempos” es que parecen perfectamente planificados para cumplir un perverso plan… y lo están consiguiendo.
    Escuchar de quienes ganan cientos de miles de euros al año que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades es un insulto inadmisible.
    Bueno, que me enrollo… enhorabuena por el blog.
    Un saludo, José Manuel

    • junupros dijo:

      Muy agradecida por venir y decirme que te gusta lo que has leído. Eso siempre halaga, Sé que hago una cosa sencillita, pero me entretiene y complace ¿sabes?.
      Estoy totalmente de acuerdo en todo lo que dices. Yo tampoco he vivido por encima de mis posibilidades, pero si contribuir ahora para ayudar a los que si lo han hecho.
      En fin que tienes razón, es un insulto.
      Me voy a pasar por tu blog. Un saludo, Julia.

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