Pesadilla

Cogió sus cascos y el bolso con su teléfono móvil y salió con dirección al paseo fluvial.

El ambiente que se respiraba en la casa era denso axfisiante, oprimente. Tenía, debía oxigenarse.

Llegó pronto, era todo cuesta abajo y según andaba el viento le refrescaba la cara, la cabeza, las ideas…sólo quería oir la música y no pensar.

Se sentó en un banco dentro del paseo de “Los Tres Árboles”, así se llamaba, aunque había muchos más, desde allí se veía una ladera de la ciudad. La vista era reconfortante. Se le antojaba que la forma semejaba a un barco. Se extendía desde una especie de colina cayendo en declive suave, hasta el río. Al estar amurallada, tenía una belleza especial. ¡Cuántas cosas y casos no habría detrás de aquellas piedras!

En todo lo alto de la muralla, capitaneaba con luz propia la preciosa cúpula de la catedral. Tenía superioridad con respecto a todas las otras edificaciones. También lucía de forma más discreta, pero con su mucho encanto, las ruínas del antiguo castillo en otros tiempos majestuoso, y hoy soñador para la imaginación de quién lo observara. Éste era el caso.

Pasaron varias horas, caía la tarde y empezó a tomar conciencia de su malestar. Él había vuelto a caer, la había vuelto a traicionar a pesar de las promesas. ¿Se lo había dicho? No, no hacía falta. Ella lo había notado. ¿En qué? pues, en su nerviosismo, en su excesiva seriedad al hablar, (como cuando una persona que ha bebido un poco de más, para disimular, habla despacio, (yo controlo, piensa), aparentando normalidad… sóla, se delata), en su subceptibilidad, rehuyendo la mirada…no sé, tantas cosas que era inevitable el darse cuenta. Es difícil disimular cuando tú mismo te sientes culpable de algo que estás haciendo mal y lo sabes.

Pensó ¿qué hacer? Ya lo tenía, en principio desaparecer lo antes posible de esa vida oprimente, dejar la farsa, ¡otra vez no! Justo en ese momento decidió no volver, eso le producía congoja y se levantó del banco precipitadamente.

Movió la vista y era de noche. Abrió más los ojos y reconoció que estaba en su cama, respiraba de formma agitada; estiró el brazo y tocó el cuerpo de él que dormía placidamente. Entonces se dió cuenta que estaba despertándose de una pesadilla. Tenía que confiar. No se va a repetir la situación, él se lo había prometido, porque sabía que a ella le hacía daño y así lo creía. Se acurrucó a su lado con tranquilidad, le enlazó con su brazo la cintura, le dió un beso en la espalda, respiró profundamente y con serenidad…se quedó nuevamente dormida.

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6 respuestas a Pesadilla

  1. dotdos dijo:

    “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”
    Qué bien has relatado el sufrimiento de la duda, del conocimiento íntimo de la condición humana que nos hace crédulos e incrédulos al mismo tiempo… me ha encantado.
    Un abrazo!

  2. alpuymuz dijo:

    Para mi gusto, bien ambientado sí que está; y hasta urdido en sus partes del centro y final, creo que bastante más. Ya es bastante: supongo que alma de mujer parece ahí y como en el momento de aplicar balanza y pesos de medir, seguramente que con miras justas. Los personales asuntos, cuando toman dimensiones generales por el suceso de la vida, pueden y deben ser trascendidos o maximizados por el trance que el escritor debe imprimirle cuando conforma atmósfera e historia de escritura así enriquecida. Eso es lo correcto, entiendo.
    Me ha justado, Julia. de donde y sobre amistad, ya, por eso, te mando un fuerte abrazo.

    • junupros dijo:

      Me alegra que lo hayas encontrado bien ambientado y claro que tiene alma de mujer ¿sabes? es que soy una mujer, todo lo demás que comentas me gusta y parece ajustado.
      Gracias amigo. Un abrazo. Julia

  3. nosht dijo:

    Yo siempre tengo pesadillas 🙂 sobre todo de ese tipo, no me preguntes por qué.

    • junupros dijo:

      Los sueños, no se pueden evitar, sobretodo dormida…, pero con las pesadillas se pasa mal, es el subconsciente que funciona, pero al despertar si ves que era eso… una pesadilla, entra una gran ccalma. Graciñas Nosht, me alegra leerte.

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