Malos pasos

Llegó a la gran ciudad para enfrentarse a su primer trabajo. Venía procedente de un pueblo de la provincia. Aquello le parció el paraiso. Quedó deslumbrada: había cafeterías a elegir, restaurantes, discotecas, cines…¡una gloria de vida al alcance de la mano y no la monotonía pueblerina del Café de Centro!

Pronto contactó con un amigo que había coincidido en una boda. Hablando, le informó de su próximo traslado. En aquel momento se intercambiaron los móviles y él se había ofrecido a enseñarle la ciudad presentándole amigos para que no se sintiera sola.

Dicho amigo, ya estaba entradillo en años, sobre todo para ella que le doblaba la edad, pero no estaba mal, sabía hacerse el simpático, era atractivo, tenía una buena situación económica y a su lado se sentía “protegida”. Era un auténtico gavilán.

Empezaron a salir con bastante asiduidad. Él presumía de compañía, primero como novedad, ¡era un trofeo nuevo y desconocido para sus amigos! y luego porque ella tampoco estaba mal, era joven, moderna, esbelta, simpática… a él lo embellecía.

Se divertían juntos. La complacía en todo, se sentía halagada, era detallista, (regalitos, flores, todos los días), y la dejaba extasiada cuando frecuentaban estupendas cafeterias y lujosos restaurantes, dónde si llovía, salía el portero con un paraguas a buscarles,¡lo nunca visto!, les acompañaba hasta la puerta principal del local, él entregaba las llaves del coche con cierta dejadez y les recibían haciendo reverencias ¿Qué mesa desean los señores? ¿Se la preparamos en el ventanal como siempre señor? ¡Guau, qué chulada pensaba ella, ésto es vivir! Logró impresionarla.

Le presentó a sus amigos, todos ellos del mismo tenor. Cuando salían los fines de semana por las noches, siempre cerraban algún local para montar la fiesta ellos solos. ¿Por qué? pues porque además de las copitas, había sustancias que alegraban la vida un poquito más. Ella se inició en aquel momento, probó y se sentía bien: soñaba, reía, flotaba, amaba. Nunca se despertaba en su cama, “formaban una gran pandilla”. Había intercambios consentidos, todos eran de todos. Se sentía aturdida, pero moderna ¡estas cosas pasaban en la ciudad!

Se desbordó, algunas veces pensaba que debía de parar, pero la tentación…

Un día saliendo del trabajo se encontró con un antiguo conocido, charlaron y se sentaron en un café. Les dió tanta alegía, que quedaron para verse en otra ocasión y se vieron.

Comenzaron a estrechar cierta amistad de confidencias y ella terminó relatándole su tipo de vida un poco avergonzada, disculpándose. Se daba cuenta, que estando con él era capaz de sentirse viva, reir solo saboreando un café, tomando unas tapas en un mesón frente a un vaso de agua o paseando por el campo, mirando el horizonte. Así no se sentía desclasada.

Él guardaba silenció, muchas veces veía que le asaltaban ciertas dudas. Por éso una de esas tardes, paseando, posó su mano sobre la de ella, mirándola fijamente a los ojos le dijo: ¿Eres feliz así? ¿Quieres que te ayude?

– No quiero, te lo pido, necesito algo a dónde asirme. Me siento metida en una vorágine de la que no sé si en realidad deseo salir. No tengo fuerzas. Estoy segura que sóla no pudo.

Se dejó guiar, lo pasó mal en una clínica, odió al amigo por querarla ayudar…pero con los meses se rehabilitó y hoy, que se siguen viendo, no sabe como agradecerle que le diera la mano en aquel justo momento, para apartarse de aquella vida en dónde se había convertido en una muñeca rota.

Ahora vive con normalidad queriendo olvidar aquellos “malos pasos”.

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7 respuestas a Malos pasos

  1. alpuymuz dijo:

    Este relato urdido sobre el asunto tendido y conocido como “muñeca rota”… lo encuentro lleno de aguda sicología, nunca superada ni acabada en el mundo, antes bien repetida en sus instancias oscuras, y abastecido con unos personajes clásicos colocados en el perfil del bien y en el mal. La paloma con sensación de alto vuelo tiene encuentros con el pajarraco gavilán con hambre fácil y aceradas garras (recursos afecto a muchas palomitas) atravesado en las piruetas de vuelos con riesgo.
    Tu gracia ha llevado al fin feliz de la historia, a un cuento gentil; pudo ser otra la alternativa: un mal llevar sin tregua clara ni precisa. Y aún otra peor situación en el ser de esta línea: la que marca un naturalismo en su espiral descendente al despeñadero, al sumidero que todo lo peor se traga, así como lindamente. Eso sería una gran tragedia resumida en poco espacio.
    Pero el cuento de resultado, queda bien y servido agradablemente con esa prosa suelta escogida. Pero es verdad que a veces esas oportunidades de salvación, sobre duras, no se presentan. Pero es la advertencia que puede tener el dulcificado cuento ahora escrito. El juego de virtualidad y hecho.
    Me ha gustado, Julia. Está como para merecer felicitaciones, por caso las mías con seguridad.
    Como siempre, cara, un fuerte abrazo.

    • junupros dijo:

      No estaría mal hacer otro relato con la segunda alternativa que me presentas, aunque no sería tan amable a la hora de leerlo y quedaría todo más triste, pero puede ser que con el otro final que me planteas pudiera ser más real y cotidiano. No sé, lo voy a pensar.
      Muchas gracias por la felicitación. Besos. Julia

      • alpuymuz dijo:

        La alternativa, meramente conceptual, llegaba de la mano de la publicada y nada mas. Puede ser o no buena, que eso llega tras el punto final, pero sí más áspera; y no sé si real y especialmente cotidiano, pero sí más que posible.
        Lo mejor fue que me gustó.
        Besos, Julia.

  2. Carmen Enid dijo:

    Este escrito me enfrenta a dos realidades, cuando era una veinteañera y esta en que redoblo la cifra. Es facil dejarse seducir por los placeres que nos presenta lo desconocido, otros ambientes, nuevas ciudades, mejores expectativas; pero divagar en ese nuevo entorno y no tener un objetivo claro puede trastocar y marcamos la vida. La Carmen de los veinte era soñadora, pero también realista, sigo siendo soñadora, realista y practica hay tiempo para disfrutar de todo en la vida; un síntoma que nos deja saber que algo no anda bien es la culpa y esta se oculta de muchas maneras.

    Saludos, un gusto leerte, buen escrito.

    • junupros dijo:

      Tienes razón, claro que es fácil dejarse seducir por los placeres, sobretodo cuando te los sirven en bandeja y te van introduciendo con suavidad, lo que pasa es que si después recapitulas y haces un pequeño resumen de cómo te va, creo que se siente la culpa por mucho que se quiera cerrar los ojos.
      Es muy bonito ser una Carmen soñadora. Muchas gracias por venir hasta esta tu casa y dejar un comenario tan bonito. Hasta prontiño. Julia

  3. dotdos dijo:

    Me ha emocionado tu relato. Sólo hace unos días una persona que cuidaba me dijo: “sólo necesito una mano que tire de mí”… tan fácil y tan difícil… gracias y un abrazo.

    • junupros dijo:

      Más me emociona a mí lo que me dices.
      Muchas veces podríamos ayudar más, pero creo que pecamos de cómodos ante los problemas de los demás. Vamos por la vida demasiado deprisa, fijamos poco la vista en los de nuestro entorno. Muchas gracias y unha aperta. Julia

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