Una señal.

-¿Me permite, por favor? Es el único asiento que veo vacío.

-Sí, ¿Cómo no? ¡perdón, no me había dado cuenta, dijo echándose a un lado.

Con sólo estas palabras, no pudieron evitar mirarse a los ojos. De forma inexplicable, mantuvieron la mirada unos instantes. A ella le pareció mucho tiempo, porque no los podía apartar y su cuerpo experimentaba una sensación de nerviosismo complacido, que por todos los medios quiso evitar torpemente. Se dió cuenta que a él algo similar le pasaba, se percibía en el ambiente como una corriente eléctrica.

Ella acababa de subirse a aquel tren de cercanías que la llevaba a la ciudad tres días a la semana. Se sentó y sacó algo para leer. Daba igual, no leía, movía la vista y repetía una y otra vez el párrafo sin lograr quedarse ni con una idea de lo que decía.¡Venga, céntrate! se decía, pero le encantaba el sentirse desobedecida. Oye, por aquel hombre se sentía atraída y ¡de qué manera!

De vez en cuando, sus ojos la traicionaba, levantaba un poco la vista del papel y notaba como a él, algo parecido le estaba ocurriendo, porque se sentía observada. Ambos disimulaban y posaban todo su interés, en la ventanilla y en el paisaje, apenas visible por la velocidad.

Pronto avisaron por el megáfono la próximidad de la llegada. Recogieron su poco equipaje y salieron por puertas diferente.

Llovía y se dispuso a coger un taxi ¡oh, casualidad! no quedaba ninguno. A cierta distancia vió que a él le pasaba lo mismo ¡qué bien! y sin querer, bueno ella queriendo, se fueron aproximando e intercambiaron , las naderías normales que se suelen decir en estos casos. Hasta que al fin, como sus destinos eran próximos, cogieron el primer taxi que llegó, juntos.

Se sentían tan bien, se sentían tan cercanos, que el sólo roce de la proximidad les complacía. A ella le hubiese gustado tocarle, coger sus manos, conocerle mejor, intimar. Cualquier cosa, menos perderle tan pronto.

Se sentaron en una terraza de la plaza mayor. Hacía un día especial, sobre todo para ellos. Se contaron toda su vida, sus anhelos, su situación, sus deseos…¡cómo coincidían!. De común acuerdo decidieron volverse a ver. La despedida fue mucho más afectuosa. Había surgido un fuerte sentimiento por ambas partes.

Desde el minuto primero de la separción, solo pensaban el uno en el otro, en volverse a ver, en amarse, en el próximo encuentro. Sentían un dolor físico, si no se veían. Estaban totalmente entregados a un fuerte impulso que sin propiciarlo, había surgido.

Ella, en aquel momento estaba libre de cualquier compromiso. Él, no, tenía una pareja desde hacía siete años, con los papeles preparados para legalizar la situación, esperaban el traslado inmediato de ella para vivir a su lado. Tenía el compromiso familiar, social, su pareja no lo entendería ¡Cómo lo iba a entender! pero así y todo él dudó. No quería perder este amor que más bien era arrebato.

Pensaron en desaparecer, huir juntos, dejarlo todo y empezar una vida nueva fuera de ataduras, olvidarse del pasado. Resurgir a un paraiso, creado por los dos para los dos.

Era el mes de diciembre, él tenía que ir a verse con su pareja y ella le propuso una prueba y una señal: Vas, la ves, hablas de este problema, y si después de todo deseas volver o tienes capacidad para hacerlo, yo te estaré esperando. De lo contrario me envías una señal, no necesito excusas, entenderé lo que tú decidas o seas capaz de hacer. De ese modo, ya no quedará ningun cabo suelto del que tú puedas arrepentirte o sentir remordimiento.

Él prometió volver enseguida. Ella sabía que posiblemente fuera la despedida.

El ventricuatro de diciembre, recibió una tarjeta postal que se leía entrelíneas:

“Te deseamos toda la felicidad que puedas alcanzar en la vida. Susana y Javier”

Fue un duro golpe casi esperado. Los días se nublaron para ella. No volvió en mucho tiempo a lucir el sol. Era demasiado bonito para ser real. Fue para él amor o un resplandor. Hay sentimientos encontrados. A veces para tomar determinaciones de peso, hay que tener cierta valentía, sopesar… ver la realidad.

Ella no le culpó, después de muchos años le recuerda, y en lo más profundo de su alma, sabiendo que no es posible… aún le espera.

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7 respuestas a Una señal.

  1. nosht dijo:

    Por que sempre sempre teño que acabar chorando?
    Certo que segundo dende onde o mires é un final feliz ou non. Pero ao meu que son apaixonada. Dóeme moito que se tivesen que separar. Aínda que a vida dixese que non podía ser.
    Biquiños Julia

    • junupros dijo:

      Creo que es la vida. La responsabilidad, la presión social, sentimientos encontrados, situaciones… Yo qué sé Nosht. El caso es, que unos ganan y otros pierden.
      Tú vas a ganar, lo sé yo…Un bico grande.

  2. alpuymuz dijo:

    Frente a lo que se ha silenciado por la hacedora de la historia, con la añadidura explosiva del inclemente fustazo cruel de un innombrable, en Susana se precipita y destaca la necesidad normal del amor grande y la entrega inconclusa a una espera …¿inconveniente?…
    En fin, así lo has trazado y quedo en conformidad, en la incómoda que se propone el relato, de esa historia triste por desnivelada en la humanidad más conveniente. Legítimo escribir -y bueno-; el tágico resultado pone su tintura.
    Pues está bien, porque al grano vas, y de forma ágil y discursiva. Ya es de agradecer en su gusto.
    Buen día, Julia, y un fuerte abrazo.

    • junupros dijo:

      Me parece, que no expresé bien lo que queria decir. Hay situaciones, no hay culpables en esta historia, al menos es a lo que yo quería hacer llegar con mi escrito a quién lo leyera.
      ¿Cuántas cosas te pierdes a lo largo de la vida?, pero hay que elegir, a veces aciertas y otras no. Son cosas que vas acumulando en la mochila particular de cada uno. Un abrazo. Julia

      • alpuymuz dijo:

        Desde luego es muy posible una mala interpretación mía, y lo siento; bien que puede haber un punto de vista en la historia que puede seguirse o ser rectificado por mí mismo. No pasaría nada. Pensé haberla interpretado bien, puede que no en tus propuestas. Desde luego hay un error evidente: la protagonista no tiene nombre, y le apliqué el justo más equivocado, el de la novia en espacio apagado; eso seguro.
        Ya retoco mi comentario, quizá algo fuerte contra el chico, supuesto que entiendes obedecer su actitus a imponderables de la vida. Y esos mimbres, no son de descartar, en absoluto. De modo que has de tener plena razón. Acepto tus notas en pleno.
        Y desde ahí, Julia, pues muchas gracias por iluminarme. Mi abrazo. Buen día.

  3. dotdos dijo:

    Me lo veía venir… muy bien contada. Un saludo!

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