Añoranza

El silencio del campo la intimida, se siente rodeada como por una gasa oscura de soledad; no obstante, es el lugar que busca para pensar en él, para estar más cerca, aquí, en la casa que con tanta ilusión restauraban.

Una mañana se despidió con mucha alegría: “volveré pronto, esta ruta es corta, entregaremos la carga en Marruecos y en quince días estaré de vuelta”. Nunca volvió.

El barco, inexplicablemente a la altura del cabo de Tarifa, se fue a pique, nadie les avistó, aunque se sabe que tiraron bengalas, que hicieron señales…nada. No les encontraron, solo pudieron echar unas coronas de flores al mar como pequeño homenaje. Allí sí estaba ella, sóla, con los ojos nublados de lágrimas.

Piensa en su casa de campo, que la vida nunca trató bien a su hijo, empezando por ella misma. Su juventud alocada propició que su nacimiento no fuera del agrado de sus padres, o sea los abuelos, porque eso pasaba hace años. El padre biológico del niño no se hizo cargo del despiste. Tenía otras obligaciones adquiridas, y eso había sido el producto de “una noche loca”.

Piensa, como mientras gestaba, la llevaron a un pueblo de otra provincia,  a casa de unos desconocidos. Como en el momento de nacer, se sintió obligada para tapar su vergüenza, a entregarlo en la casa cuna. Allí estuvo tres meses sólo, hasta que el abuelo, no soportando el remordimiento, lo fue a recoger y lo integró en la familia como hijo de él, pasó a ser hermano de ella.

Nunca le dió cariño de madre, nunca pudo presumir de hij0, nunca le sacó al jardín para que jugara, nunca la llamó mamá. Ella simplemente era la hermana. ¡Cómo lo aceptó en aquel tiempo y como ahora le dolía!. Paralelamente privó a su hijo de todas esas cosas.

Recuerda ella, cómo empezó a trabajar. Podía haberse independizado con su hijo mientras era pequeño. No sabía si por respeto a los padres, comodidad, miedo a enfrentarse a la vida, vergüenza de confesar que era su hijo, las amistades…no lo hizo y así, fue pasando el tiempo.

Algo alumbró un día su vida y cuando el hijo, llegó a la mayoría de edad, le invitó a un viaje, los dos solos, los dos juntos y una noche le confesó todo lo ocultado. La reacción del hijo, a la que ella tanto temía, fue fabulosa, compresiva, incluso llegó a decirle que algo intuía, porque la quería más que a los otros “hermanos”.  Quizá fuera para quitarle sufrimiento… seguro, piensa ahora.

Hablando, decidieron comprar una casita en el campo y se instalaron en ella. Querían recuperar el tiempo perdido, conocerse y convivir como madre e hijo.

No les pareció bien al resto de la familia, no lo entendieron y despectivamente, empezaron a llamarle “el bastardo”. Para el chico fue incomprensible y muy doloroso. Ahora que empezaba a conocer la verdad de su vida…¿qué había hecho él?

Estudió marino mercante. Estaba empezando. Era su segundo viaje cuando zozobró.

Por eso ella, después de los años, quiere estar en soledad, conversar con él. Pedirle perdón… todo tipo de disculpas. ¡Cómo si sirviera de algo para él! Piensa que la vida debía dar una segunda oportunidad. Es triste que todo se precipite y no haya retorno. Por lo que quiere vivir  en ese silencio del campo que tanto la intimida, ése, que hace que se sienta más cerca del hijo al que no le dejó disfrutar de una madre, teniéndola cerca, y del que muy poco, por su inmadurez, disfrutó.

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7 respuestas a Añoranza

  1. nosht dijo:

    No voy a poner que me gusta.
    Es tristisimo. Esta vida es tan dura en ocasiones, tanto…………..

  2. junupros dijo:

    Aunque no pongas que te gusta, es real, conozco a todos los protagonistas e incluso es mucho más triste.
    ¿Sabes a mí lo que me gusta? que me leas, y te doy las gracias. Un bico galeguiña. Julia

  3. alpuymuz dijo:

    Parafraseo -no sé, por entender algo práctico que no hermoso, es verdad-, Julia, si me lo permites: “la vida es dura, pero es vida”… No me quedo nada ancho ni pancho, pero es así.
    Supongo que quiero enunciar que vivir es tan bueno como penoso, no sé si más o menos penoso antes que ahora; porque entonces y ahora esa vida ¿comunal, o, familiar? tenía sus silencios y consuelos, sus heridas y emplastos… Claro, todo ensu ambiente y en ese raro acento de suerte o destino, en ese pelegrino desorden personal y no digamos nada si de comparaciones queremos entendemos.
    Admitido todo ese asunto de relato con sustancia tristísima -sus correlatos en vidas personales con nombres propios, es mucho peor-, y, aparte posibles soluciones cara al futuro, ¡cosa de ver tantas veces!, el escrito, tu trabajo, orden y tono, me ha gustado y mucho. Y en escritos, no de memorias sino de imaginación bajado, valoro mucho lo que te digo.
    Finalizo: me cuesta mucho entendernos hoy superiores y mejores que nuestros predecesores en la vida; me pinta un parecer gratuito; quizá nos consuele y envanezca o anestesie, acaso por sobrevalorarnos sin mayor atención.
    Lo dicho y mi consideración amiga. Abresos, Julia.

    • junupros dijo:

      Creo que nadie duda que la vida sea dura y mucho menos ahora, con la que está cayendo para muchos. Totalmente de acuerdo. El relato expone una realidad que hoy en día quizá no se plantearía. En primer lugar porque no se ve tan “deshonroso” y porque además se tiene más fácil pasando por el quirófano. No pienso que hoy seamos superiores, de ninguna manera. Un fuerte abrazo. Julia

      • alpuymuz dijo:

        Lo siento, Julia, que no decía del relato, sino que intentaba trascenderlo, darle una mayor dimensión y fondo de paisaje al suceso general de la vida, tomar distancia para indagar y luego aplicar lente de aumento. Lo de “superiores”, y no lo digo de ti, me parece un sentir casi palpable palpable, que llega de la mano de los usos que son norma general actual para la medida de nuestros actos de ahora (sería eso que llamamos moral o costumbre, que me es lo mismo).
        Pero en fin, opinión es opinión y no pasa nada por coincidir ni por matizar o discrepar; yo entiendo que nos vemos atentos y comprensivos. Ya es bastante.
        Mis abrazotes más estupendos, por encima de todo.

  4. junupros dijo:

    No ha sido mi intención discrepar en absoluto de lo que tú exponías en tu comentario, quizá no me expresé bien, pero estoy totalmente de acuerdo con la transcendencia y dimensión que me das con tu respuesta. Creo que sabes de mi opinión en estas cosas y de la falta de espacio para expresarse correctamente. Te mando hoxe biquiños. Julia

    • alpuymuz dijo:

      Entiendo este aparecer como respuesta a mis intervenciones previas y te digo: es asunto innecesario entre nosotros y bien sé que la premura y la concisión que intentamos, puede llevar a no entender o expresar bien acerca de las pertinentes materias. Pero intención sobre forma prevalece y ahí, entonces, termina -sin empezar siquiera- todo. Seguro.
      Besos…

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