Pequeñas cosas

No suelo usar el transporte público para moverme por la ciudad, tampoco uso el coche por problemas de aparcamiento, por lo que mi vida transcurre casi siempre por los mismos lugares del centro, por costumbre y por fácil acceso.

Hoy por problemas de un familiar, tuve que desplazarme justo al otro extremo de dónde vivo. Me fui a la parada de bus, comprobé los horarios y me subí en el primero que llegó. Menudo paseo por toda la ciudad. Más de media hora… aquello parecía una excursión, pero ¡me encantó!.

Cuando me subí apenas íbamos cuatro personas, me instalé en un asiento detrás del conductor, eso sí, separados por una pequeña mampara de cristal, pero talmente iba conduciendo yo, cuando veía un coche cerca, movía el pie buscando el freno.¡Puff qué agobio! desde lo alto parecía que le dábamos sin remedio.

Estaba distraída mirando al mar, ya que el viaje transcurre por todo el paseo marítimo, cuando de pronto oigo susurrar muy cerca ¡buenos dias princesa!, miré despacito hacia atrás por si por casualidad, fuera dirigido a mí y me estuviera perdiendo algo, pero no ¡qué lástima! ya me extrañaba, ya… Me dí cuenta que era el conductor hablando por el manos libres. Yo intentaba no escuchar, pero oía; la ternura que desprendían sus palabras era envidiable. Insistía en verla al terminar el servicio, la invitaba a comer a aquel sitio que a ella tanto le gustaba, y que además estaba bien de precio… todo eran ganas de complacer.

Por su tono, imaginé lo bien que debían sentirse juntos. Cuando él escuchaba sonreía con lo que le respondía y se le veía feliz. No se habían perdido la admiración, vibraban.

Pensé: como un acto tan sencillo, una simple llamada cargada de recuerdo y sentimiento, puede llenar el corazón del contrario. ¿Por qué no intentamos hacer lo que al otro le agrada? Si es que queremos querer, sería lo apropiado pero no siempre es así.

Se despidió diciendo: “Te echo de menos mi reina”. (Había ido todo tan bien, que la había ascendido).

Yo le ví flotando en una nube, con aspecto soñador y rodeado de lucecitas de muchos colores…¡Qué tierno y qué bonito! Su “princesa” supongo que empezaría a ponerse guapa para salir corriendo al encuentro de su querido “principe”, porque también, seguro que le echaba de menos.

Son pequeños detalles que llenan la vida.

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7 respuestas a Pequeñas cosas

  1. nosht dijo:

    Cierto. Suscribo tus palabras: “como un acto tan sencillo, una simple llamada cargada de recuerdo y sentimiento, puede llenar el corazón del contrario. ¿Por qué no intentamos hacer lo que al otro le agrada? Si es que queremos querer, sería lo apropiado pero no siempre es así.” No siempre es así. Es más a veces es tan complicado y retorcido que dices por dios!!!! ya no quiero querer 😦

  2. alpuymuz dijo:

    Muy bonito el relato, tan cotidiano posible, pero lleno de observaciones y de reflexiones finas; sí, es muy bonito. Hizo bien aquel señor en elevar el tono del título que de grado prestaba en alza a la chica, que el de reina le habría de quedar mejor…
    Yo me contentaré, para con la hacedora de esta leve e intensa historia, con el de denominarte amiga, pero en su grado mejor y mayor.
    Mis buenos abresos. Feliz fía. Al.

  3. giselzitrone dijo:

    thank you für deinen Besuch bei mir schöner Artikel.Wünsche noch einen gute Tag Gruss von mir Gislinde.

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