Un simple recuerdo

Se bajó del coche de línea en la parada que le sugirió el conductor y además era la que ella quería. Agarrada a su maletrín y a su bolso, vió como el coche se alejaba y se quedaba, en la soledad que da el desconocimiento  de una nueva etapa en la vida. Allá va mi civilización pensó. Cuándo lo vió desaparecer totalmente una nube negra se posó sobre su cabeza.

Reaccionó y se dirigió a una de las dos casas en dónde le habían informado que vivía un sastre con su madre, que por lo visto tenía un Seat 600 y podría acercarla al pueblo a dónde se tenía que dirigir. Eran las seis de la tarde de finales del mes de octubre, por lo que el día estaba diciendo adiós. Caía la noche.

Llamó a la puerta y le salió una anciana desconfiada, después de un exaustivo interrogatorio:

?Y usted quién es? ¿y luego que quiere? ¿y a dónde va? ¿Y porqué?…al final le dijo que el hijo estaba de viaje y no volvería hasta el día siguiente.

¿Qué puedo hacer? pensó. No tenía alternativa, tendría que ir por aquella pista atravesando el monte hasta recorrer los cinco km. Sentía miedo, un miedo cerval, no había nadie. Iba vestida de ciudad, con sus zapatitos de tacón, su bolsito y maletín a juego y sus pavorosos cinco kms. por delante, que hacían que el corazón quisiera salírsele de paseo huyendo, para no volver.

Tuvo un primer tramo de frondosa arboleda, sonaba el viento y movía los álamos cómo si le quisieran hablar. Ella se sentía perseguida a distancia, notaba cómo si una presencia la estuvieran expiando, la sensación era horrible. No sabía si correr…

Subió un montecillo y a lo lejos, le pareció vislumbrar el guiño de alguna bombilla ténue. La noche no podía estar más oscura, las sombras la envolvían hasta atenazarla. Entonces sí, entonces corrió llamando a gritos a alguién que no contestaba, no existía, dando la sensación de que la estaban esperando, para engañarse a si misma, empezaba a tener una ansiedad desmedida, enfermiza.

Se paró, y respirando profundamente, se dijo:  “no puede ser, no me va a pasar nada más, que lo que me tenga que pasar, estás al límite del ridículo, se contenida y ¡frénate!”

Se recompuso a duras penas, y siguió andando ya lentamente, hasta llegar a la casa en dónde debían de estar esperándola, porque ella, previamente había avisado.

¿ Vino andando? ¿No tuvo miedo? Le preguntaban incrédulos.,Es usted bien valiente para ser de ciudad y no estar acostumbrada a estos lugares.

Asintió a la primera pregunta y por supuesto les dijo que de miedo nada.

Notó cierta admiración hacia su persona y hasta respeto y se dijo: ¡Si ellos supieran…!

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4 respuestas a Un simple recuerdo

  1. alpuymuz dijo:

    Casi recuerda el relato superado, ya ante un café bien caliente, a tiempo bien pasado, de alguna pesadillla sufida por una joven muchacha al contar la peripecia con alguién de su entorno. Es así de viva y circunstancial.
    Julia, me ha gustado. Mi aperta segura.

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