Las huellas

Hoy volvió a la casa. Hacía dos años que no iba por allí y al llegar le dió la sensación de que hacía poquito que la había dejado. De nuevo volvía a ser suya, pero de muy distinta manera. ¡Cómo cambian las circunstancias de la vida!.

Entró por la parte lateral del jardín, desde dónde divisaba todo el conjunto, no pudo por menos de pararse, y en unos instantes transplantarse a cuándo esa casa estaba en todo su esplendor y bullicio. La vió, llena de flores, mesas, sombrillas, hamacas, amigos. Estaba llena, risueña, resplandeciente, con vida. Ahora con un silencio sonoro.

Todavía quedaban los vestigios de su época dorada. Aquellos parterres plagados de hortensias, aquellos setos tan cuidados entre los dos… los rosales trepando por las ventanas, el naranjo, el limonero, las glicíneas, todo parecía que le daba la bienvenida, pero ya nada era igual… venía sola y las flores estaban marchitas.

Alejó ese tipo de pensamientos y sin más, quiso ver la casa por dentro ¿cómo estaría? Entró en su salón y estaba tan acogedor  como siempre, con ese toque tan familiar que ellos le habían dado. Su chimenea, sus cortinas de colores, sus sofás, el libro encima de la mesa que ella estaba leyendo en aquel momento. Todavía estaba el paginero en la hoja dónde lo había dejado la última vez. Todo tenía el sabor de antaño.

Muy despacio subió las escaleras hasta la planta superior. El dormitorio con los visillos de encaje que ella misma había ganchillado cuando todo era ilusión. Abrió su mesilla de noche y allí estaba aquel abanico, que en mejores épocas le había regalado… y todavía, estaba la caja de pastillas… su compañera nocturna, en todas aquellas noches de insomnio y turbios pensamientos, que le produjeron aquel desenlace.

Recorrió toda la casa. Lo último fue, el cuarto de estar, recogidito, con su gran ventanal, dos orejeras  orientadas para ver el paisaje en plena lejanía, el libro de él, sus apuntes, sus escritos tirados encima de la mesa camilla, como si se hubieran puesto el día anterior… qué momentos inolvidables e irrepetibles, ya era pasado, como cuando haces con mucha ilusión un viaje con infinidad de obstáculos, lo recuerdas con simpatía o con tristeza, pero quizá sin deseos de volver a realizarlo.

Se sentó y fue en aquel momento cuando notó un profundo peso que incluso llegó a lastimarla y tomó la determinación: No podía volver allí nunca más. Había demasiados recuerdos, demasiadas huellas de años vividos.

En cada acto que realizas, vas dejando tu huella, igualmente que las personas que conviven contigo dejan las suyas. Si esa vida ya había acabado era mejor cerrar capítulo y empezar una nueva historia sin bagajes ni melancolías. Una historia nueva, límpia de pasado. Sin esas huellas.

Recogió su bolso y fue despidiéndose esta vez para siempre, de todas sus pertenencias tan familiares, conocidas y en otro tiempo tan cercanas, queridas e imprescindibles. No cogió ni el abanico ¿para qué? Cerró suavemente la puerta, dejando allí dentro sus vivencias, quizá las mejores de su existencia. Vivirían allí como musas del pasado.

Encendió el coche y no pudo evitar una larga mirada con un adiós lleno de lágrimas, muy sentido. Aceleró lo que pudo, por el espejo retrovisor vió alejarse su casa, su jardín y se alejó buscando una nueva vida.

P1220622

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Las huellas

  1. Josep dijo:

    Ni te imaginas las similitud con algo muy cercano… ni te lo imaginas… demasiado real

    no puedo ser ajeno… he sentido ese golpe de lleno…!

    • junupros dijo:

      Las huellas son difíciles de borrar, pero lo importante es mirar para adelante,si se puede…
      Cuesta, seguro, pero siempre hay manos que te ayudan. Lo importante es reconocerlo e intentar salir. Gracias Josep. Un abrazo de miércoles lluvioso.

  2. brujjita dijo:

    La sensación que tengo es miedo ….
    Pienso que es muy muy valiente la protagonista.
    Besos

  3. alpuymuz dijo:

    ¿Y ahora? Ahora trago saliva, leve espesa por descontado, no sé cómo pero sí imagino que he podido, y me aplico al teclado para decirte, Julia, que has bordado el escrito, ese relato embaradado por una aplicada carga de melancolía tan indefinida como latente segura… No quiero imaginarlo por historia, y creo saberlo.
    Te quedó ahí eso, en primor un poco narcótico; pero ya te digo: me ha gustado mucho. Y me alegro. Felicidades.
    Mis besos en ti y tu escrito. 🙂
    Hasta ver.

    • junupros dijo:

      El climax es melancólico y triste, pero tiene esperanza, la esperanza de poder resurgir de alguna manera, de seguir el camino. Gracias por tu comentario me ha gustado. Apertas varias e un bico.

      • alpuymuz dijo:

        Es la verdad, Julia, y eso me pareció. Es de aceptar ese resaltar abierto a la esperanza, gran virtud si de paso colocada en la paciencia.
        Vicos varios, apertas ad libitum.

  4. gaviotasinamor dijo:

    Quizás a alguien enconcreto muy cercan, le falte esa valentía para salir y dejarlo todo atrás!!
    es tan difícil a veces
    Muy bueno Julia felicidades, escribes muy bien
    Saludos

    • junupros dijo:

      Claro que es muy difícil, una cosa es escribir y otra decidir. Hay tantas cosas que atan y miedos que paralizan… pero así es la vida, tambien piensas que algunas veces, menos es más. Todo consiste en sobrevivir y seguir adelante. Nada es perfecto ¿a qué no?
      Gracias por tus piropos y por comentarme. Que tengas un buen fin de semana, al menos con sol. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s