Pedro

Tuve que pasar dos veces por delante de aquel banco de los jardines de la Rosaleda. Me parecía que era él, pero no estaba segura. Tenía el pelo casi blanco, descuidado, sus ropas estaban ligeramente raídas, aunque se le notaba todavía ese halo de distinción, del que incluso hacía gala en sus años de juventud.

Tenía la vista ausente, fijada en ningún sitio. Pensaba, o incluso daba la sensación que ni éso, simplemente dejaba pasar el tiempo. Me acerqué y bajito le dije: ¿Pedro?, enseguida reaccionó, me conoció al instante, le cambió la expresión de la cara, se puso de pie y me saludó con la misma cercanía de siempre. Habíamos sido muy buenos amigos, y aunque llevábamos años sin vernos, el poso de la buena amistad permanecía intacto.

Nos conocíamos desde la infancia, de juegos, del colegio, de la universidad… Aún me acordaba yo, del día que terminó la carrera de forma brillante, sus padres le celebraron una fiesta en la casa de la playa. Fuimos todos los amigos. No faltó de nada. Estaba exultante, nos comunicó que tenía un buen trabajo en Madrid, que la fiesta era de alegría y despedida. Todo eran planes…estábamos todos con muchas ganas… empezabamos a vivir…

Ya relajados, despues de la primera impresión, me senté con él y le pregunté qué dónde estaba ahora, qué hacía, como le había ido todo.

Entonces muy triste, empezó a relatarme su pequeña historia, despacio, cada palabra se notaba que era un descanso para su conciencia.

“Tuve un buen trabajo durante muchos años, me casé enamorado de mi mujer, tengo dos hijos y todo iba de maravilla… demasiado bien. Tenía un nombre acreditado, medios económicos, casa en en la playa, casa en la sierra, un buen piso en el centro de la ciudad, chófer, avión particular y una fructífera empresa.

Por causas aún hoy inexplicables, llámale crisis, mala gestión, un revés de la suerte… todo se truncó y en poco tiempo, me ví desposeido de trabajo, de ilusión y con un montón de acreedores. Yo, había sido siempre un triunfador y no lo supe encajar. Empecé como un inconsciente, a derrochar lo bueno que aún me quedaba de la vida.

No llegaba a casa nunca antes de las seis de la mañana y casi siempre en malas condiciones, me tiré a la bancarrota, empezaron las desavenencias familiares y un día decidí no volver. Así de fácil.

Conocí la vida de la calle por la noche, de día vagaba por cualquier lado, comía las sobras que tiraban los restaurantes y dormía entre cartones, con la compañía de un drogadicto y una borracha, como yo, que nos dábamos calor.

Claro que mi familia intentó localizarme, pero no quise volver, había decidido perderme. Mis padres me ofrecieron su refugio, pero tambien lo desprecié y así estuve cinco años, sólo, con la visita esporádica de mis padres, que no se resignaban, ni se cansaban de vanos intentos.

Hace seis meses, despues de muchos días buscándome, me encontró mi padre y sólo me dijo llorando: tú madre se quiere despedir de tí. No tuve fuerzas para aguantar el llanto de mi padre, fue un latigazo que me convulsionó entero, cogí mi hatillo y  me pregunté ¿qué estoy haciendo? De pronto noté que me volvía la cordura. Me vine aquí con él y aquí sigo, ya sólos, intentando ayudarnos y además con la esperanza de que voy a salir.

Sé que mis hijos, pese a todo lo que hice, no me han olvidado. Llaman a su abuelo interesándose por mí, eso me conmueve y agradezco y quiero ser una persona digna de ahora en adelante. Incluso es posible que pronto empiece a trabajar, hay una empresa que se interesa por mí. La vida es increíble”.

Dió por terminada su historia y me miró con una sonrisa de niño, nos abrazamos con todas las fuerzas y quedamos en vernos más días. Me acompañó hasta casa y tomamos un café por el camino. Yo, estaba triste y sobrecogida, él más relajado y pidiéndome perdón, me dió las gracias porque le había escuchado, me dijo que se sentía muchísimo mejor.

¿Ves? mi historia se puede titular el “ocaso y la esperanza de Pedro”, puedo decir que lo tuve todo, todo lo perdí y ahora agradezco algo tan sencillo, como un banco libre en la Rosaleda, sentarme en él, y con tranquilidad observar como florecen las rosas.

Me miró riéndose y dándome una palmada en la espalda… se alejó cruzando la puerta de la esperanza.

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11 respuestas a Pedro

  1. alpuymuz dijo:

    En fin, me atengo a la historia y a su mensaje: es de un discurso largo y contenido, que parece contemplar situaciones bien posibles. Verosimilitud, que se aplaca con el tinte de una apertura amable: la que marca la final frase. Es la llamada del destino a la siempre posible recuperación…
    Queda bien, dada la situación del ambiente.
    Buenas tardes, Julia. Besos y alegres para mejor afrontarla. Al

  2. La pirata justiciera dijo:

    Ay, pobre Pedro. Había que picar piedra para recuperar, tal vez algún día aquilatar dar la vuelta a esa decisión. Que buena sentada de plática tuvieron. Tú y este Pedro. Ojalá que venga todavía cosas mejores a él. Saludos Julia, sentidos estos tus escritos sin dudar.

    • junupros dijo:

      Trato de ponerme en situaciones figuradas y mientras las relato, las vivo y es una forma de mantener mi mente y mi tiempo ocupado, distraído y relajado.
      Muchas gracias por perder tu tiempo pasándote por aquí. Me complace. Un saludo PJ.

  3. Lehahiah0909 dijo:

    Bueno no se porque no recibo tus actualizaciones…pasé por aqui con la intuición de que me estaba perdiendo algo y mira por donde si…me estaba perdiendo mucho….
    Esta historia es una historia no imposible pero si singular…trágica porque el arrancar triunfante acompañandose con la juventud, los mejores años y llegar a ocaso de la vida sin nada es una verdadera tragedia..pero el hombre tiene capacidades que ni él mismo conoce, fuerza suficiente para mover montañas….dicen aquello “que no te den todo lo que puedes soportar” y ¡¡que cierto es!
    Has relatado una historia conmovedora y en los tiempos que nos toca….de total actualidad..no es dificil imaginar a Pedro en muchos hombres y mujeres que vagan por parques como desorientados a horas que deberían estar en sus trabajos…con la mirada perdida, las manos en los bolsillos y sin rumbo fijo….
    Excelentes formas , magnifico tema…te felicito Julia..(por cierto precioso nombre) voy a ver que puedo hacer para recibir todo aquello que haces y no despistarme…mientras te dejo un montoncito de besos con alas..muakkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk

  4. junupros dijo:

    Con tu estupendo comentario me has ayudado a completar la historia. Ahora a Pedro me lo has centrado más, vagando por los parques… Quedo muy agradecida por tu deferencia y piropos, levantas mi ánimo, sobretodo viniendo de tí que rezumas sensibilidad y buen gusto.
    Lo de no recibirlo por correo, ahí en la parte derecha de este escritorio, pone algo de seguir. No te rias, pero no tengo ni idea de estas cosas, soy bastante negada, escribo, corto, pego, pero poco más. Debía de estar avergonzada, ¿verdad qué sí?pues es que encima estoy contenta ¡ es increíble! Soy un desastre. A ver si logro arreglarlo.
    Un abrazo muy fuerte Alitas y de nuevo gracias, de verdad. Feliz noche.Julia

  5. gaviotasinamor dijo:

    Una historia triste, por lo real que es cuantos Pedros hay hoy día estimada Julia
    Un abrazo
    Te digo lo mismo que mi angelito Leha, no me llegan tus actualizaciones, siempre vengo de chiripa a saludarte y entonces veo tus psot

    • junupros dijo:

      Todas mis historias son ficticias, pero con visos de realidad y basadas en hechos que existen.y que por desgracia se ven todos los días. Muchas gracias por pasarte Carmen.
      Lo de las actualizaciones, puse en esta página, ahí al lado derecho eso de “Sigue este blog por email” ¿no sirve?.Mira a ver. Un abrazo y feliz noche. Julia

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