No todo es fácil

Se arreglaba todas las mañanas para desplazarse al grupo escolar de la zona. Era un niño aseado y responsable con sus horarios. Nadie tenía que decirle ¡date prisa, que no llegas al coche! No, ni un solo día desde que había cumplido los ocho años, ahora tenía doce.

Le gustaba mucho jugar con sus compañeros, era alegre y simpático. Tenía muchos amigos, pero se le notaba que llevaba encima de su espalda una pesada carga que de momento no podía aparcar.

Se notaba en su mirada, en alguna sonrisa triste, en sus momentos de desconexión del juego. Se volvía introvertido, sombrío… eran pequeños instantes, pronto reaccionaba y se integraba de nuevo, era como si pasara una nube negra por su pensamiento.

Vivía en una casa de labranza, de labradores. Toda su primera infancia, había transcurrido con normalidad, con escasas alegrías y parcas  efusiones de cariño, pero que dicen mucho, sobretodo cuando hay trabajo y poco tiempo que perder. Él, se sentía un niño muy querido, nunca le había faltado de nada, era el niño, era el hijo.

Un mal día su padre se puso enfermo. No tenía ganas de nada, se levantaba, se sentaba en la cocina y observaba, como ardía la leña que él mismo echaba al fuego. Algunas veces le vio llorar.

Al principio su madre se enfadaba, porque no quería trabajar y no lo entendía, hasta que un médico le puso tratamiento y les dijo que iría mejorando lentamente. No hubo tiempo.

Pasó una temporada mal, en silencio, hasta que no sabe cómo, un día descubrió la cantina del pueblo. Nunca la había pisado. “Ya tenía un motivo por el que vivir”… debió de pensar en su ofuscación, y todos los días se iba después de comer, y volvía pasada la media noche y ¡cómo volvía…!

El, dejó de ser un niño feliz. Su padre le cogió como una especie de manía. Nunca hacía nada bien de lo que le encomendaba, y todo se volvía en improperios y miradas que, le amedrentaban.

Uno de los días le sintió venir por la noche dando bandazos por la calle, como siempre últimamente; llegó a casa, y como era habitual, se puso a discutir a gritos con su madre; ésta, le dijo que no gritara, que podía despertar al hijo y enfurecido, subió a la habitación donde él dormía y fuera de sí, sacándole de la cama, le empezó a zarandear llamándole vago, y muchas cosas más que él, en un momento dado, dejó de escuchar…

Cuando se marchó, lloró toda la noche, preguntándose el porqué.

No volvieron a tener una relación distendida desde aquel día. Apenas se veían, solo por las mañanas. Por eso, cuando acababan las clases, corría a casa, ayudaba a su madre en lo que podía, cenaba y se refugiaba en su habitación.

Estudiaba lo del día siguiente y desde su ventana, miraba a las estrellas. Alguien le había dicho, que todos y cada uno de nosotros, tenemos nuestra estrella. Él esperaba con ansiedad a que cayera la noche, y buscaba la suya, creía que ya la había encontrado.

Lucía más que las otras, y él soñaba con ese viaje mágico, que le permitiera instalarse allí y balancearse en uno de sus picos. Hablaba con ella y le contaba sus cosas. Ella le comprendía, porque él se sentía mejor, solo ella sabía de su intimidad.

Permanecía horas en la ventana y ya entrada la noche, cuando sentía venir a su padre, se refugiaba y escondía debajo de la cama, hasta que en la casa reinaba el silencio, calmada, todos dormían, entonces se acostaba en su cama y soñaba plácidamente.

Con su madre, tenía una relación cómplice, pero callada. Parecía que no pasaba nada. En aquella casa todos sufrían de distinta manera.

No se sentía nada feliz, ni seguro.

De nuevo su vida volvió a dar un vuelco, aquella noche aciaga que su padre no volvió, estuvieron preocupados. Su madre salió a buscarlo varias veces, pero el pueblo dormía y no lo encontró. Por la mañana, les avisaron que había aparecido en malas condiciones, se había caído en una finca cercana y no se recuperó del golpe.

Su madre lloraba, pero él no podía, se sentía seco de sentimientos. No sentía pena, solo una especie de vacío, de alivio y descanso. Todo esto provocó en el niño vergüenza, sintió culpa por su reacción, se sintió mal… La mirada no pudo levantarla del suelo durante todo el sepelio.

Vuelta la “normalidad”, habla mucho con su madre, y va asimilando el gran cúmulo de sensaciones que les ha deparado la vida. Reviven la época en dónde los tres eran una piña, hasta la maldita enfermedad que cambio sus vidas.

Ahora, solos en la casa, notan mucho su ausencia. De nuevo siente aflorar un sentimiento de amor grande hacia su padre ¡cómo se querían! , para él era su refugio, su guía. Recuerda sus consejos, sus enseñanzas, sus caricias, sus risas juntos, y se enfada porque ya no lo tiene… a duras penas, va comprendiendo que no todo es fácil,  y que lo peor es que no existe retorno para poder volver a sentir su voz, sus caricias, sus besos y decirle que quizá no supo ayudarle.

De ahí su halo de seriedad y de tristeza, aunque su alma dolida de niño, poco a poco, se va apaciguando.

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14 respuestas a No todo es fácil

  1. lagaviotaconamor dijo:

    Querida Julia, me da tiempo a comentar este post antes de irme y la verdad valió la pena querida amiga.
    Muy triste historia, que pena que personas tan allegadas como pueda ser padre he hijo termine así la relación y que triste también que al perderle, se de cuenta que quizás lo hubiesen podido arreglar con palabras y entendimiento!!
    Julia un tema muy de hoy día por desgracia, bueno y de siempre.
    Un fuerte abrazo y hasta mi vuelta bella

    • junupros dijo:

      Así suele ser la vida, para unos peor que para otros y muchas veces no lo vemos, porque los problemas se suelen ocultar y padecerse en silencio. Me alegra que antes de irte hayas tenido la delicadeza de pasarte por aquí. Te lo agradezco Carmen y que seas todo lo feliz que puedas en estos días. Disfruta! Un fuerte abrazo.

  2. isabelamor dijo:

    Hasta pronto querida
    un millón de besos

  3. alpuymuz dijo:

    Se afirma en un comentario a tu entrada, que el fondo de este relato -muy entonado- es suceso de hoy y de siempre. No deja de ser una ampliación al fondo de una cuestión contenida en la historia en la que se ve gravemente involucrado el chico y la madre.
    Es el caso del hombre, cuando alterada su inteligencia y su sentido responsable (siempre habrá mil ocasiones a rececho) se desencadena un mal proceso: ya se verá superado y abatido (debilidad, mal asunto y grave mutilación para su equilibrio y signo de ¿hombría?). Desde ahí, tal vez, verá alterados sus dotes de actos potentes, acaso poco templados y resistentes en el tiempo, hasta caer en la degeneración peor posible, con un poco de mala suerte.
    Triste historia, algo levantada al final en lo posible; pero tiene su haber y llaneza, lo que es de admirar.
    Julia, todo mi cariño. Al

    • junupros dijo:

      Es lo que quise expresar y tú lo rematas y lo adornas muy bien para mejor entendimiento. Llaneza en la escritura? creo que es mi forma de llegar. Es lo que intento cuando me viene alguna idea.
      Sí que es triste la historia, como bastante triste es la vida si la analizas, aunque se procura levantar la cabeza y respirar, para poder seguir sobreviviendo. Todo también se compensa con momentos felices e incluso irrepetibles ¿no crees?
      Feliz día y un bico lleno de sol y calor.

      • alpuymuz dijo:

        Creo, sí… eso y que no adorno nada que no esté ya destacado. Todo en gusto y confort, Julia.
        Mi amigo David nos termina de decir que el vacío está levantado para sentir el optimismo; tal vez las tristeza también… Feliz de todo,

  4. alpuymuz dijo:

    La historia tiene su toque de carga y de posible final superación, naturalmente sólo en parte. Se dice que asunto de hoy y de siempre… Acaso la tragedia llega desde la propia condición del hombre si en la quiebra de su ser y responsabilidad (mil razones de arrastre personal y social, y hasta de enfermedades). Si se siente débil y dominado asiste a la peor fuerza contraria a su ser que es el sentirse fuerte (a medias porque puede saber de fuerza explosiva y carecer de la larga resistencia…
    En fin, fuerte historia condensada, prudente aviso para atender. Julia, todo un gran abrazo.

  5. Un texto muy triste y emotivo. Es una lástima como se pierden las personas en la enfermedad, y lo que es una maravilla es cómo la familia logra salir adelante con la esperanza, el refugio en “las estrellas” y esa complicidad. Muy bonito, Julia!

    • junupros dijo:

      Hacía tiempo que no nos “veíamos”, pero la causa es que he estado desplazada de mi residencia habitual y he tenido menos tiempo, pero siempre que puedo te sigo. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo

  6. Carmen Enid dijo:

    Triste cuando el lugar que supone sea tu refugio se convierta en algo así como describe el relato. En muchos casos una realidad, diferentes escenarios que nos marcan la vida, y como dices hay muchas tristezas en el mundo; solo nos resta buscar enmarcar esas tristes realidades con un hálito que nos regale luz, esperanza y amor. Esa es la parte que nos toca labrar.

    Un abrazo, Julia, como siempre una bella enseñanza.

    • junupros dijo:

      Carmen, eres muy amable comentando mis escritos y sobretodo pensando que tú, con tu alma de poeta, te den alguna sensación tan favorable.
      Siempre busco tu comentario, porque me encanta tu opinión. Un fuerte abrazo. Julia

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