Una vieja historia

Corría el año mil novecientos cuarenta…

Cerró la puerta con suavidad, después de echarle una última mirada a la casa en la que había pasado sus últimos años. Dejó cerradas allí, sus ilusiones y se llevaba con ella una pequeña parte de esperanza. Metió la última maleta en el coche que esperaba. Colocó a la niña en el asiento de atrás, y acomodándose a su lado para el largo viaje, le dijo al taxista que podían emprender la marcha.

Juan, su marido, estaba exiliado desde hacía varios años en la ciudad de Trieste, y aunque podía estar próxima su vuelta, la economía familiar, no es que estuviera mal, es que era inexistente; por lo que después de mucho pensar, decidió trasladarse a una casa olvidada. Se la había donado una tia-abuela, ubicada en un pueblo del norte, ni siquiera sabía como era.

¡Cuántos pensamientos rondaban por su mente, mientras cruzaba tierras y paisajes! ¿Por qué se liaban algunas veces las cosas, hasta tener que marcharse y dejarlo todo…?

Caía la tarde cuando llegaron al lugar, se encontraron delante de una puerta con verja de hierro. Dejaba ver un pequeño jardín descuidado, y una casita de planta baja entre las hierbas. No se amilanó, sacó las dos llaves. Abrió la verja e inmediatamente la puerta de acceso a la casa. Las llaves chirriaban escandalosamente por falta de uso, lo que vio, la dejó gratamente sorprendida, era un refugio excepcional, solo que impregnado de soledad.

A simple vista tenía de todo, lo que más… telas de araña, pero era acogedora, coqueta, ¡aaaah!, le gustó. Con una pequeña limpieza y unos pequeños retoques personales, sería el hogar perfecto para la nueva vida.

No paró de colocar y descubrir cosas, con la ayuda de María, su niña, que era su compañía, su alegría y su fuerza. Durmieron juntas. Al día siguiente, cuando se levantó, al mirar por la ventana observó que le habían cortado la hierba del jardín. Salió y casi tropieza: en la puerta tenía un cesto con huevos, patatas, verduras y un hermoso pan. Miró alrededor para ver donde estaba el milagro, y se encontró con dos vecinas que le animaron a cogerlo, casi con timidez. Le dijeron que habían cortado la hierba, porque creían que ella “no estaba acostumbrada”. No sabía como agradecérselo, “somos vecinas, hay que ayudarse…” Pensó, esto es otro mundo y además sano. La hospitalidad aún no perdida. Le costaba creérselo. Se le saltaron las lágrimas. Se encontraba tan sola e indefensa.

Traían otro regalo escondido, y con sonrisa se lo mostraron, era un precioso cachorro de pastor alemán, muy necesario, le dijeron, para que avisara de las posibles visitas con sus ladridos. Lo cogió en brazos y enseguida se intercambiaron caricias y lametones. Ya eran tres en la familia.

Le conmovió la discreción de unas personas que sabían su problema, en los pueblos se sabe y se ve todo, y no hicieron ninguna mención a nada, solo se ofrecían a ayudar.

Pasaron los meses enseguida, y llegaron las lluvias. El sauce de la entrada lloraba todos los días desconsoladamente, empezaba a entrar por debajo de la puerta el manto de la nostalgia, la melancolía; hasta que una tarde el pastor ladró. Corrió a la ventana y vio venir a un hombre con una pequeña maleta ¡era Juan!, salió corriendo con su niña María en brazos… y no hubo palabras, se cobijaron los tres y entraron en la casa. Habían concedido la ansiada amnistía.

Aquella noche fundieron sus cuerpos en uno solo y revalidaron su amor. Eso no se había resquebrajado.

La vida cambió, a Juan le costaba mucho hacerse a la idea de tener que adaptarse a otro ritmo de vida, pero no había otra opción. En un principio lo pasó mal, pero con ayuda, esfuerzo, altos y bajos… fueron avanzando. Nunca se le oyó la más mínima queja

Plantaron un precioso huerto, eso, le distrajo de otros pensamientos. Llenaron el jardín de rosas y fresas, colocaron dos preciosas mecedoras de enea del color de la miel, con respaldo tallado, y allí, pasaban las horas muertas, viendo crecer a su niña, María, y poniéndose al día, recuperando sentimentalmente lo perdido.

Un día a Juan, le vinieron a buscar para ofrecerle trabajo. Era de contable en una fábrica de maderas. Al fin iban a tener liquidez . Lo aceptó de inmediato.

Iba siempre por la noche, lo prefería, acompañado de su perro. Este le esperaba sentado en la puerta pacientemente, hasta que terminaba el trabajo, y volvían entre los pinares, cada día por un camino distinto, ¿por miedo? por precaución. El perro iba siempre delante inspeccionando la zona. Juan, tranquilo con su guardián. Así transcurría su día a día, sin sobresaltos, con sus lecturas, sus hobbit, su huerto, su familia. Se había convencido que para él, era lo único importante.

***

Pasan los años, María vive en la ciudad, pero no puede evitar el volver a su casa, ahora solitaria. Sentada en una de las mecedoras, se retrotrae a su vida anterior y ve a dos ancianos, sus padres, con el pelo blanco y movimientos lentos, tranquilos, sin prisas, cultivando sus rosas rojas, recogiendo sus fresas y sonriendo felices cogidos de sus arrugadas manos, cuando la ven aparecer. Con el pensamiento, les agradece el haber sabido criarla en ese ambiente de amor, ausente de reproches y de rencores.

***

Año dos mil trece. Ya no queda nadie de aquellos tiempos, las rosas rojas siguen brotando, las fresas se han perdido, la casa se mantiene en espera, y todo… bajo la mirada atenta, del viejo sauce llorón, cómplice y compañero .

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25 respuestas a Una vieja historia

  1. carmensimplemente dijo:

    Querida Julia que hermosa historia nod contado hoy en el día de los mayores. Siempre te digo lo mismo tus texto tienen la capacidad fe hacerme ver y sentir es maravilloso he visto esa casa y esas rosas y hasta a el perro, fiel gracias
    Un abrazo

    • junupros dijo:

      Carmen, tu siempre tan amable y cariñosa, que no escatimas nunca piropos y buenas palabras. Me agrada que con mis lecturas, te transp.ortes un poquito y me acompañes en mi imaginación. ¿Sigues bien? Me alegro. Un abrazo

      • lagaviotaconamor dijo:

        Gracias guapa
        Disculpa veo alguna que otra letra que cuadra jaja esto de comentar con el móvil , sabes me he acostumbrado mal me hice perezosa y cuando estoy sentada en el sofá me es más cómodo comentar así y no abrir el pc. Otro beso

      • junupros dijo:

        ¿Joooh! que lista eres comentando por el móvil, yo soy incapaz. Hay cosas que no me cuestiono ni quiero aprender. Me da pereza, por eso admiro tu destreza en estas cosa…bueno y en otras. Que duermas bien. Biquiños

      • lagaviotaconamor dijo:

        Ajaja y sigo jaja las teclas táctil las odioooo

  2. carmensimplemente dijo:

    Disculpa he comentado con el movil y veo que me comido una palabra quise decir. Nos has contado
    Más besos

    • junupros dijo:

      Todo un honor que te hayas acordado de mi, como mi trayectoria es bastante escasa, no esperaba este reconocimiento por tu parte y te lo agradezco, de verdad, pero no sé como manejarme con estas cosas, no estoy preparada todavía, espero que no sea un problema el que de momento no lo siga.
      Te repito, estoy agradecidísima. Muchísimas gracias. Un abrazo

  3. alpuymuz dijo:

    Historia floreciente desde la sombra de la nostalgia, pasando por el repunte de la luz en sus suspensos tintineos para terminar con dos apuntes vertiginosos en el quemar tiempo… hasta un conclusivo pianísimo final que se pierde, ¿o se refugia?, en el acogedor seno de un viejo sauce, piadoso y con memoria parece ser.
    Diestra mano para la narración, sencillo acento. Bien me gusta, Julia, su pulida música y cualidad general.
    Un enorme abrazo.

  4. Lehahiah0909 dijo:

    Una maravillosa historia donde la placidez y el sosiego se palpa gracias a tu forma de describir la casa, el ambiente…en sí el relato es para mecerse..como las mecedoras del porche….En la adversidad les tocó la varita mágica y María guarda en su memoria recuerdos que seguramente son el pilar de el presente….presente tan distinto tan dispar….Esa hospitalidad ahora ya ….inexistente o impulsada por mera curiosidad…
    ¡Que frías son las ciudades verdad??…
    Me encantó sumergirme de tu mano y bucear por este remanso de paz
    Un abrazo muy fuerte con muchos besos con muchas alas para ti….

    • junupros dijo:

      Paz es la que me das tu, con tus comentarios, se dejan leer despacito y te impregnan de dulzura y bienestar.
      Puedes creer que cuando publico, abro el ordenador y busco tu comentario, me complace tanto que me descubro hasta sonriendo según avanzo en su lectura. Muchas gracias Alitas de verdad, tu si que lo haces bien. Un beso. Julia

  5. Esta Historia rezuma paz.. Contada tan real que todavía tiene frescura.

    Saludos.
    efe

  6. Stark dijo:

    Ya la había leído hace tiempo, pero hoy la he vuelto a leer y me ha gustado aún más. Es tan delicado y sincero, no se como expresarlo jajaja 😉
    Enhorabuena!

  7. Carmen Enid dijo:

    Que bien seria leer un libro de tu sutoria, es mágico como deslizas las palabras y describes los ambientes en tus relatos. Sencillamente me encanta y lo haces tan bien que es bueno que pienses en escribir un libro. Animo 🙂

    • junupros dijo:

      Me halaga tu comentario, que como siempre es muy generoso y no sabes como disfruto pensando cuando publico, que me vas a leer. Escribo desde hace muy poquito tiempo y sin ninguna aspiración, solo para entretenerme, pero encontrando personas como tú..¡.no sabes como anima!. Un beso Carmen y muchas gracias. Julia

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