La rosa

Se sienta en su porche acristalado, como la mayoría de las tardes. Es la zona, para ella, más apetecible de la casa, esta situado a poniente y se deja caer el sol a esas horas penetrando entre los visillos, tiñendo el recinto de un dorado intenso.

El porche esta decorado al estilo inglés, grandes cortinajes de estampado suave y sillones a juego, que cuando se sienta la abrazan amoldándose a su cuerpo; cuadros, flores en preciosos búcaros y una mesa para tomar café con los amigos. Allí desprende aroma a más café o así les parece; pero ella, cuando esta sola, o quiere sentirse sola, se sienta en otro rincón, al otro extremo, en su mecedora. Es herencia de su madre. Tiene con ella una relación especial de complicidad, de protección, algo indefinido, pero que lo siente.

Nunca olvida su manta tejida a crochet también heredada, de cuadritos de colores vivos y vistosos, hecha de trozos de lana sobrantes de otras labores. Antes tenía más, que se colocaban en las camas a los pies, como adorno o quitamiedos de un posible frio mañanero, ahora solo le queda esa que cuida con esmero. Siempre la tiene a su lado debidamente doblada

En la pared hay un pequeño mueble antiguo de madera, no muy grande, lo usa como biblioteca o cofre, de esos libros no importantes, más bien anodinos para el resto de los habitantes de la casa, pero que le dan un placer especial porque le recuerdan momentos acumulados en la memoria relacionados con ellos. Siempre abre alguno y sueña. Alguien podría pensar: “¿es envejecer?”, no ¡qué va! para ella es volver a revivir tiempos especiales, íntimos, propios, desconocidos para el resto. No son secretos, son intimidades de su mismidad, si las compartiera dejarían de ser importante; quizá sean simples, seguro, pero tienen el morbillo de ser exclusivamente de su posesión. Además algunos en su tiempo, fueron muy importantes.

Aquella tarde abre uno de ellos, casi ya olvidado y cae una rosa seca perdida entre las páginas; aún se nota que fue roja y recuerda aquel amor de verano, corto pero intenso.

Se habían conocido en un baile que daba la Hípica en sus jardines. Él había venido a veranear con su familia y ella asistió con unas amigas.  Se miraron y se “prendaron”. Bailaron y más…toda la noche…

Estuvieron juntos el resto de los días y cada vez se sentían mejor, cada vez, se respiraba más amor y ella cree que hasta el cielo se estremeció el día que llegó su despedida. Por las circunstancias, aquello, no tenia recorrido. Quedó en el sótano oscuro del recuerdo. No fue un corte brutal, languideció hasta que desapareció.

La flor se la envió el día que se iba y guarda una cinta con el mensaje que él le escribió:“Mi corazón me dice que no te olvidaré…”

Ella se dice: ¡Qué bonito! Increíble, han pasado los años, ha vivido experiencias definitivas y felices en su vida, y sin embargo esto le hace vibrar. No, no le suena a cursi, porque es solo de ella y se pone en aquel tiempo, en aquel lugar y siente placer.

Cierra el libro, lo guarda cuidadosamente acariciándolo, cierra también los ojos y se deja mecer suavemente mientras entra la noche.

Sueña… algo la despierta: La Realidad.

 

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8 respuestas a La rosa

  1. alpuymuz dijo:

    Un lugar, “…el morbillo de su posesión”…” bailaron y más… toda la noche”, “…es solo de ella”…
    Tres puntadas en el cañamazo del bordado y el hilo en la suerte de sus enredos florecientes…
    Gran final. Me gusta, ya lo creo: ¡canela fina! Y creo que mucho gustará.
    Julia, unha forte aperta (nun día especial y festivo).

  2. Karmenis dijo:

    Que gran habilidad para escribir así las historias, Julia, son imágenes de siempre la luz, el ambiente, el color hasta se percibe el calor de la habitación y como van interactuando los personajes; eso si que es magia. Te comparto esta imagen que llevo en el baúl de los recuerdos, van tantos años, pero ahí esta presente. Resulta que por esa cosas del destino viví en la misma esquina de este lugar, dos eventos que hoy cuando los puedo unir, veo su transcendencia. La primera imagen una joven con 19 años y la ilusión de tener en frente a quien pudo ser su gran amor, pero algo hizo que todo se rompiera y solo quedo la ilusión y la espera de que nuevamente se acercara a mi, pues era en el hospital. La otra imagen me hace aun llorar, en esa misma esquina en la camilla del hospital, una noticia rompía mi corazón en tantos pedazos, que jamas hubiera llegado a pensar que estoy aquí contándolo. Esa misma esquina se conjugo en diferentes momentos de la historia para marcar el porque el silencio y la soledad son tan importantes para mi. Un abrazo, y gracias siempre por compartir este espacio.

  3. junupros dijo:

    Con este tipo de comentarios tan halagadores para mi ánimo y viendo que mis escritos pueden llegar a personas tan sensibles como tú, no sabes que fuerza me dan, para poder seguir en este mundo imaginario. La verdad que son como casos reales, no personales, pero cercanos y me encanta que te gusten.
    Espero perdones mi tardanza en contestarte, he estado en otras cuestiones, pero no por eso me olvido de las buenas amigas “virtuales”. A ver si algún día cambiamos el calificativo, seria estupendo. Un abrazo Carmen. Julia

  4. natalia dijo:

    La verdad,gratamente impresionada de como escribes julia

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