LA POSADA DEL RIO

Buenos días, has descansado bien?

 Sí y tú, qué tal… quieres café o té?

Para él un día más, para ella un día totalmente diferente. Sentía mariposillas en el estómago, un sudor frio en las manos y una especie de congoja que le oprimía la garganta. Supo disimular durante todo el desayuno e incluso cuando fumaban el primer cigarrillo mañanero; un ligero temblor casi imperceptible de sus manos estuvieron a punto de delatar que el día para ella era especial.

Todo comenzó, cuando una amiga encontrada casualmente le sugirió que le encantarían las clases de baile latino a las que ella asistía.

No lo pensó, siempre el baile le había gustado, incluso de pequeña había asistido a clases de ballet y encima le decía latino… Guau! se le iban los pies en cuanto escuchaba música y admiraba las parejas que bailaban en cualquier película. Se quedaba arrobada y se imaginaba cerrando los ojos, que era ella la que estaba bailando. La prota vamos…!

Se compró la ropa adecuada y allá se fue.

Ella iba sola y nada más entrar le adjudicaron una pareja y se empezó a deslizar sintiéndose otra. El profesor que observaba, llamó a otro alumno que estaba más adelantado en las lides bailonas y le sugirió que sería su pareja aquella semana.

Aquello fue una delicia. Solamente con una mano la dirigía en los compases, giros, vueltas, encuentro y desencuentros, para terminar abrazado a su cintura… abrazo que a ella le hizo temblar…y de que manera. Qué brazos… y que bien olía…!

Las miradas en pleno baile eran insinuantes, pero ella no le veía, solo le sentía como una prolongación de su cuerpo. Y así empezó aquella relación bonita, secreta, estable… sin poder evitarla. Pronto dejaron la academia por una discreta habitación en la Posada del Río.

Estaba a las afueras de la ciudad y allí daban sus paseos, hablaba, hablaban mucho, se besaban, jugaban… actuaban como dos adolescentes. Cuando caía la tarde se refugiaban en su pequeña habitación y daban rienda suelta a un amor con mayúscula, casi salvaje, algo que jamás habían sentido con sus anteriores relaciones. Cada experiencia era única y mejor que la anterior. Sus abrazos  y caricias interminables. Puro alimento del alma.

Llegaron a ser indispensables. Se habían encontrado y no podían desperdiciar esa oportunidad que les daba la vida. Estaban presos de un amor irracional, casi una locura transitoria de la que no querían prescindir. Reprobaban sus actos, querrían gritar aquel amor, contar y cantar a los vientos lo que se amaban; por lo que decidieron marcharse juntos de la ciudad, empezar su vida en otro sitio, fuera de los convencionalismos y sin ataduras.

Hoy era el día.

Salió a despedir a su pareja y se dieron un beso, como siempre. Ella sintió el amargor de no poder decirle que sería el último. Le quería, llevaban muchos años juntos, pero no había pasión, no había amor y se sintió mal. Querría habérselo dicho, que pudiera comprenderla… pero sabía que le iba a hacer daño, por lo que las lágrimas anegaron sus ojos.

Hizo su maleta con lo más imprescindible, no llevaba ningún recuerdo para poder empezar de nuevo. Nada que le impulsara a la nostalgia.

Lo metió en el coche y partió hacia la Posada del Rio, su lugar de encuentro. Fue despacio todo el camino, se despedía de cuanto objeto, árbol, paisaje o flor discurría por sus ojos.

Llegó a la Posada, él todavía no había llegado y empezó a pasarle por su cabeza la película de su vida: sus alegrías, sus penas, los momentos felices, sus planes cumplidos, los todavía por cumplir… los ojos de su pareja que siempre tan bien la habían mirado, su infidelidad…y algo la sacudió tan fuerte, que un grito de dolor salió de su garganta. Instintivamente, enloquecida, encendió el coche y acelerando con fuerza emprendió su camino de regreso a casa presa de una especie de pánico.

Por el espejo retrovisor vió como se alejaba de su felicidad, como no volvería a encontrar nada parecido, como tendría que vivir rememorando sus momentos ocultos. Su vida había estado marcada de continuas renuncias y para encontrar un poco de consuelo pensó que lo vivido había sido su canto de cisne…!!!

Telefoneó al amante y le susurro un te quiero y un ¡¡¡no puedo!!!! entre sollozos, que en principio él, no entendió, pero la decisión estaba tomada.

Esperó en casa a que llegara su pareja para continuar con la seguridad necesaria de su rutina.

Sintió el llavín de la puerta y salió a su encuentro. Se dieron un beso en la mejilla, como siempre!!!

Qué tal el día? preguntó él.

Bien, más o menos como todos los días…

Y todo su cuerpo desgarrado de dolor, gritaba desde el más profundo de los silencios…

Sin consuelo…

 

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4 respuestas a LA POSADA DEL RIO

  1. Karmenis dijo:

    Como siempre una de tus exclentes narraciones, es un arte como tratas estos temas, verdaramente un arte. Abrazos

  2. Leha dijo:

    Lo primero y me vas a perdonar
    ¿pero donde te has metido??? tenía ganas de verte y por supuesto de leerte …y ahora que te he leído te digo……no …no estaba enamorada de verdad….no lo estaba…era un sueño, un capricho… …porque no hay seguridad que valga..ni años de convivencia, ni el cariño que queda…ni por supuesto rutinas…que venzan a un amor de verdad, tal vez se dejó llevar por lo diferente, por lo mágico, por la pura pasión del momento pero….no hubo amor…¡¡lástima!!! me hubiera gustado
    Un abrazo fuerte y me alegro muchísimo de verte

    • junupros dijo:

      He tenido como unos meses sabáticos y no sabes la alegría que me dá el que me digas que tenías ganas de verme por aquí. Solo eso hace que me entren ganas de seguir. Pensé que nadie me echaba en falta y esto es de “subidón”.
      Así que crees que no estaba enamorada? Y no será cobardía, adiestramiento social, incluso ese qué dirán, no sé, pero encontrar encontró lo que no tenía ya.
      Pero siempre me gustan mucho tus interpretaciones y las valoro más.
      Un beso con esas alas que ya echaba en falta mucho.

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