Reencuentro

Había cogido el taxi en el aeropuerto y me dirigía al hotel. Venía a una reunión anual de compañeros de trabajo y mi mente, sin quererlo, había retrocedido a diez años atrás, cuando también habíamos tenido allí la misma reunión y mi gran ilusión.

Moví la cabeza para alejar los nubarrones que me producía ese recuerdo, tan grato, tan entrañable y tan doloroso a la vez y que tanto me había costado aparcarlo de mi vivir diario, digo aparcarlo, pero no olvidarlo. Me había marcado tanto, que vivía muy dentro de mi como mi gran secreto. Ese, con el que disfrutas cuando lo rememoras, lo acaricias lo quieres, pero no pudo ser y entonces forma parte de tu historia sabiendo, que nunca vas a tenerlo.

La Gran Vía estaba llena de tráfico y las aceras a rebosar de personas que iban a sus quehaceres cotidianos, el taxi apenas avanzaba y de pronto lo ví, pestañeé, no podía ser, sería como otras veces. Lo había visto tanto con mi imaginación que intenté no creerme, pero sí, esta vez era él.

Mandé parar al taxista, le pagué atropelladamente y tirando de mi maleta de ruedas corrí, corrí por la acera sorteando a las personas que no entendían mi desasosiego.

Cuando creía que ya lo tenía que haber alcanzado, me paraba y buscaba a mi alrededor. Casi sin darme cuenta me vi frente a él.

Estaba como siempre, ¡no, mejor! Iba del brazo de una mujer, su mujer. Nos miramos, me sonrió y nos paramos para saludarnos.

Cuántas cosas nos dijimos cuando se rozaron nuestros cuerpos! Estuvimos unos momentos hablando palabras vacías llenas de contenido en nuestra complicidad. Noté, que en esos instantes tan cortos había alimentado mi espíritu.

Seguíamos los dos con la misma vida complicada, igual que cuando lo habíamos dejado razonando que habíamos elegido caminos equivocados a los que nos debíamos, y de nuevo pensé: ¡no puede ser…!

Llegué al hotel, me encontré con mi gente, pero en mi mente seguía su sonrisa como una foto fija que me incomodaba. No me enteré de nada de lo que hablaron en la reunión. Solo quería irme…a ninguna parte.

De madrugada sonó mi móvil, me asusté y somnolienta oí su voz.

-No podemos luchar contra los sentimientos y malvivir. Si tú quieres buscamos la forma de solucionarlo. Desde siempre, quiero estar a tu lado.

-Y yo también, le respondí.

-Entonces, ponte algo y baja, estoy en cafetería.

Volé a su encuentro. Mi sueño, nuestro sueño igual era posible. Seguro! Al vernos de nuevo, casi no hubo palabras.

Fue el principio de la felicidad continuada que seguimos viviendo ya en el otoño de nuestras vidas. Dos almas gemelas abrazadas queriéndose sin límite y que podían haberse perdido en la gran maraña.

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4 respuestas a Reencuentro

  1. Karmenis dijo:

    Estupendo, Julia, siempre se nos queda enganchado un asunto de esos, que se de quedan sin un final y la expectativa de ??? Un abrazo!

  2. julia dijo:

    Cuando escribes, puedes dar un final feliz o un final triste. Yo soy dada a los finales tristes, pero este me gustó que acabara bien.
    Conozco varias situaciones así. Son bonitas para recordar después de pasado y recuperado el momento. Un beso Karmenis.

  3. elalmaalviento dijo:

    Me parece una historia preciosa, pero muy triste cuando hay otra persona al rededor el amor aunque sea sincero y verdadero se hace imposible de sotener.
    Espero que vuelvas pronto.
    Un beso

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