Abuelas

Después de unos días de piscina y baños de aguas termales paliando las altas temperaturas, ayer quedamos cuatro amigas en una terracita para pasar unas horas haciendo lo que más nos gusta: “comentar” y ponernos al día. Con nuestros helados batidos, según el gusto, augurábamos una tarde muy, muy agradable, hasta que apareció otra amiga ejerciendo de abuela, como ejercen ahora las abuelas y se acabó la reunión.

Se sentó con nosotras llena de alegría y lo normal, te sientes obligada a decir lindezas de la rorra, en este caso y ahí ya se pierde la abuela topicazo.

Porque ahora las abuelas son ¡lo más!

-Diles como te llamas

Quien soy yo?

Tirales un besito

Cómo hace el perrito?

Y la pobre cría, cual mono adiestrado, haciendo todo lo que sabe. La abuela ridículamente feliz y los demás aguantando el peñazo. Llega un momento que la niña excitada se desmanda y tira vasos, pasa de brazo en brazo, te mancha el vestido, se pone francamente pesada y la abuelita…encantada, sin darse cuenta que la niña está en su papel, pero ella se vuelve insufrible.

Y es que ahora las abuelas quieren más que nadie, cuidan a los nietos mejor que nadie y lo que es más, aburren a los niños como nadie.

Yo, también he tenido abuelas y eran unas señoras muy agradables que te entretenían un ratito y cuando se cansaban te decían: a ver monina juega un poco tú solita con la muñeca. Te hacían una caricia y ya entendías que no las debías de molestar más, y si no lo entendías…peor.

Y es que hay cosas que no son muy entendibles, por ejemplo esas abuelas que tienen novio y quedan con él y aparecen felices de la mano del “diploma”, ya es una cosa como que no casa mucho: abuela con novio y nieto, pero eso qué es?

Tener novio es fenomenal, pero ¡vaya cita! Una quedada.

El novio a reir las gracias toda la tarde cuando él esperaba otra cosa y la abuela enseñando todas sus aptitudes ya trasnochadas, para que el otro vea lo bien que lo hace. De verdad…! Yo si fuera él, huiría sin más preámbulos.

En fin, no sé, igual no es muy entendible esto que digo, pido disculpas, pero a mí me parece que cada cosa debe de estar en su sitio, sin excesos.

Creo firmemente, que las abuelas quieren mucho a sus nietos, pero por favor! Que oculten un poco sus exagerados sentimientos que a nadie les importan.

Total, que la tarde fue un fracaso, que cuando se fue la abuela corriendo a darle la cena, porque no le come nada, nos invadió un tedio horroroso y nos fuimos para nuestras casas a ver los documentales de la TV2 ¡ya puestas…!

Conclusión: espero con todas mis fuerzas, no tener que hacer el ridículo cuando me llegue el momento y si lo hago, que nadie lo sufra.

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UN LABERINTO

El enredo de la vida es como una invisible tela de araña, te envuelve y se pega a ti, sin poder desasirte. Es un laberinto en el que naufragas, andas, recorres caminos, recodos, luces, sombras…ves todo, menos lo que buscas:

la salida…!!!

Cuando la vislumbras cerca, respiras, te sacudes: por fin soy  libre…!

No, qué va! otro muro se levanta, otro nuevo recodo, otro nuevo camino que recuerda al anterior, por el que ya has pasado un sinfín de veces, ese por el que pensabas que nunca volverías a pasar. Es la maraña de la vida que  nunca cesa.

El laberinto te incita a seguir y seguir… buscando, deambulando, cumpliendo, en pos de eso que le llaman:

Tu destino.

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Las maletas.

Desde hace un tiempo, tengo siempre preparadas dos maletas dispuestas para lo que sea. Una con ropa de verano, así como de primeros auxilios, lo más básico y otra con cuatro cosas de invierno. Las dos son como un pequeño fondo de armario.

Y quién lea esto se estará preguntando: por qué? Ah pues no tiene mucha explicación pero la cuestión es que no paro de viajar y creo que la culpa es solo mía.

En las penúltimas navidades, el día 31 de diciembre, además de todo lo establecido por la magia de esa noche: como el tanga rojo, el pañuelo al cuello rojo también; por supuesto las velitas de colores, las sortijas en el cava…etc, oí a un colombiano o no sé de qué país- para el caso ¿qué más da?- que si quieres viajar durante todo el año, ese día debes de meter una muda en una maleta y tenerla preparada en la puerta. Una vez atragantada con las uvas, dados los besos de feliz año y tal, la coges suavemente y la sacas y la metes varias veces hasta la puerta del ascensor o al jardín, depende donde vivas, la cuestión es sacarla de casa y todo el año…a viajar!

Yo, ni que decir tiene, que no creo en eso, qué va! pero aquí en esta maravillosa tierra en que habito, dicen: eu non creo nas meigas pero habelas ainas(gallego no sometido a la normativización lingüística), no obstante estuve mete y saca, mete y saca…la maleta digo y no he parado en casa. Totalmente verídico.

Mi familia, me ven hacer estas cosas y como saben que tengo la cabeza un poco desvariada, no me dicen nada, porque comprenden que así, alimento mi vicio y disfruto.  Oye, y está bien conocer cosas, te culturizas y cultivas, sales de la rutina, aprecias más tu sofá en el reencuentro, vaya qué, ves lo que no sueles ver normalmente de paisaje y paisanaje-esto último muy a tener en cuenta- porque hay cada paisanaje…

De todas las manera me dije: este año no lo hago, pero una es débil y por aquello de la curiosidad…zas! lo volví a hacer y aquí estoy sin rumbo fijo, pero viajando.

No dejo de pensar, que aunque está bien, también es una vida casi un poco sometida a esclavitud, es muy cansado, ahora ya los años no pasan, te atropellan. Que sube aquí, bájate allí, que mires para allá, que la foto así…un no parar. Por eso he decidido que esta vez, cuando llegue ese día ni la meto, ni la saco,  ¿o si?

Bueno a ver…

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Como crece la hierba!!!

He estado unos días en mi casita del campo. La compré hace años, no digo cuántos porque eso denotaría mi edad y quiero mantenerla en secreto por aquello de la coquetería, aunque nunca ha sido nada que me preocupe especialmente y cada vez menos. La idea era tener un refugio para descansar, relajarme, cambiar de ambiente, ver o no ver a otras gentes, pero ya, ya…

Cuando la compré había una serie en TV, que se llamaba algo así como “granjero último modelo”, me gustó su traje de faena e inmediatamente adquirí algo parecido. Era un pantalón vaquero y es, aún lo conservo, con peto que me hacía sentirme más campera…!

Cortaba hierbas, muchas…!!!, removía tierra, transportaba carretillos, podaba plantas, regaba… me agotaba pero todo muy sano, en plan rural y volvía a mi casa, la otra, solo con la idea de coger el sofá y no soltarlo.

Yo me pregunto que si el césped para que esté verde y acogedor hay que regarlo continuamente, por qué las malas hierbas crecen y crecen horondas y desafiantes? habría que hacerlas comestibles porque no dan ni gota de trabajo. Ellas solas nacen, crecen, se reproducen y de qué manera…!

Con toda la ilusión que me daba el ímpetu de los primeros tiempos discurrí hacer un jardín chino, también lo vi en una peli, me dijeron que relajaba y tal. Cavé un rectángulo, bastante profundo, puse un plástico encima de la tierra y lo rellené de arena. Mi intención era representar en miniatura un desierto que tuviera algo mágico y con equilibrio. Clavé piedras estratégicamente colocadas e intentaba pintar con diferentes movimientos de la arena un cuadro que representara la poesía. Todos los días lo cambiaba, era muy creativo.

Cuánto disfruté! hasta me ponía una coleta al más puro estilo chino y una bata de yudoca para estar a doc. Me pasaba horas y horas, imaginando diferentes cuadros y cambiando las tortugas y los peces y hasta un dragón que me había comprado, de lugar.

Todo fue fenomenal, hasta que las hierbas taladraron el plástico y empezaron a hacer acto de presencia. Las iba arrancando, pero descaradamente cada vez salían más, creando por su cuenta un oasis de hierbas altas como palmeras. Tristemente decidí clausularlo, las hierbas ganaron la batalla.

En fin, que todo menos descansar. Sigo yendo a mi casita de campo, sigo cultivando muchas flores a fuerza de trabajo, que me dan grandes satisfacciones. Me encanta tocar la tierra. Morena? Sí que estoy. Relajada? menos, pero disfruto mucho de mi obra pensándola sobretodo, cuando estoy lejos.

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Mi secreto

Qué te desvela tanto? Dímelo!

Es mi secreto, si tú lo sabes.

Despierto mis ilusiones todas las noches,

que son las alas del alma y vuelo.

Vuelo por parajes con ríos,

de flor en flor de jara en jara

como hacen las mariposas.

Voy cumpliendo mis deseos,

poniendo cara a mis sueños

y vivo.

Una vez exhausta de vuelo,

pliego mis alas

y regreso,

cuando se esconde mi estrella

siempre de amanecida.

Acurrucada en los brazos de Morfeo

y repleta de emociones

me duermo.

Y así, noche tras noche.

                                 (Julia 2015)P1190577

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DÉJAME…

Déjame…!!!

déjame llorar en silencio mi llanto,

déjame que te espere aunque no vengas,

déjame que conserve el sabor de tus labios,

aunque tus besos no me pertenezcan…

Y que recuerde el olor de tu cuerpo,

y el de tus caricias cuando mi cuerpo aún tiembla.

Déjame…!

déjame perderme por la arena del desierto

buscando mi oasis,

aunque solo un espejismo sea…

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Alegre conformidad

(Homenaje a esas madres que dejan volar a sus hijos y ellas viven felices con sus recuerdos.)

Me levanto todas las mañanas y con la ayuda de Carmen me aseo y me acomodo en el sillón que tengo al lado del balcón de mi salita. Desde allí, por la situación que tiene la casa, domino toda la Rúa Nova y me distraigo viendo pasar a los estudiantes camino de la facultad, señoras haciendo la compra y por su atuendo, oficinistas, funcionarios, empleados de banco, albañiles, fontaneros y los mismos repartidores de las tiendas. Veo vida.

Esta actividad es diaria, pero no por ello menos divertida. Si me canso leo, oigo la radio y cuando mi vista me lo permite aún confecciono mantitas de croché. No me falta de nada, incluso cuando toso o carraspeo, enseguida viene mi Carmen por si me ocurre algo. Yo me río.

Vivo en la casa con ella desde muy jovencita, solía acompañar a su madre todas las semana con los huevos frescos y verdura de una pequeña finca que teníamos cerca de la ciudad y que ellos nos la atendían; vivían en una casita de la que disponían en calidad de caseros. Un día la madre de Carmiña, que así la llamaban me dijo: por qué no se queda aquí la cativa y usted le enseña y ella, le echa una mano con los rapaces (mis tres hijos pequeños). Accedí y lleva conmigo más de cuarenta años. Antes hacía lo que yo le mandaba, ahora ella manda y yo obedezco entre otras cosas, porque aprendió ¡tan bien! que sin su ayuda yo no sabría hacer nada.

Y aquí estoy, rodeada de mis cuadros, de mi mesa camilla, de mis libros, de mis flores y de las fotografías de todos los que antes vivíamos aquí y que ahora unos se han ido para siempre y otros vienen cuando pueden, pero siempre se van…

Miro a mi cama, de matrimonio por supuesto, donde tanto…bueno no quiero recordar eso, y aún conservo la colcha guateada roja, bordada con letras de oro en el centro, que me regalaron como algo exquisito cuando celebré mi boda con el hombre que tanto amé. Está impecable y me dice Carmiña: “eso ya no se lleva…” sabrá lo que se lleva y no se lleva en el corazón. Cuando me acuesto debajo de ella, noto que le tengo a mi lado, me llega su calor y sigo extendiendo la mano para abrazarme a su cintura y…bueno de esto tampoco quiero hablar…

Mejor entorno los ojos para oscurecer el día y recuerdo aquel final de curso, qué tiempos aquellos!, cuando apenas estaba empezando a quedarme dormida y vinieron a rondarme los tunos de la facultad de medicina. Yo, ya me había enamorado del que después fue mi marido y él, aunque aún me ruborizo al pensarlo, también de mí…

Sentí la pandereta inconfundible, alguno gritaba su nombre para que supiera yo, que era él, el que cantaba y aún recuerdo aquella estrofa de la habanera “La Barca de Oro”, que tantas y tantas veces después y sobretodo últimamente, tarareo y que dice: “No volverán tus ojos a mirarme, ni tus oídos escucharan mi cante, yo ya me voy, solo vengo a despedirme”, o aquel otro trocito que también decía: “voy a llenar los mares con mi llanto…” Esto aún hoy, me hace emocionar y suelto alguna lagrimiña. Aquel día me levanté corriendo, encendí la luz y corrí un poquito la cortina para que vieran que me había enterado. Nada más se podía hacer, ¡no, no!!! estaba mal visto y se fueron tocando y danzando a rondar a otra muchacha.

Con todos estos recuerdos, puede alguien decir que mi vida es una rutina?  aún se me acelera el corazón y brinca de alegría porque lo vivo y lo veo y acariciando estos momentos, pienso ¿qué podría hacer yo para empezar de nuevo?

Enseguida Carmiña me saca de mi ensimismamiento y me dice: Señora, ¿qué comemos hoy?

A lo que no fui capaz de enseñarla y mira que lo siento, fue a soñar…

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Pensando ahora

Había aterrizado en este mundo en una casa de adultos, todos eran mayores. Tenía dos hermanas que cuando ella nació ya contaban con diez y catorce años. Pronto se dio cuenta de que por más que se esforzaran hablaban diferentes idiomas. Jugaban, querían ponerse a su altura, más bien bajura, pero todo ficticio.

Su madre, era su madre, pero también era mayor, aunque los cuatro miembros de la familia que existían cuando ella llegó no escatimaron en cuidados, gracias, regalos…la criaron entre algodones. Era simplemente: la niña.

Se puede decir que tuvo una madre y dos sustitutas que la cuidaban ¡ por ayudar!, con las que ella estaba en absoluto desacuerdo. Nunca le gustó que le mandaran aquellos a los que ella no les reconocía autoridad.

Muy pronto aprendió a leer y al principio se sintió Blancanieves, después Cenicienta por aquello del príncipe, aunque no sabía mucho lo que significaba el beso y tal, pero le sonaba bien…en su interior notaba que aquello debía de tener connotaciones sublimes y quizá lo mitificó, pero su ídolo fue siempre Alicia en el País de las Maravillas.

 Jugaba sola y hablaba con sus amigos invisibles, niños, niñas que ella les daba su nombre y tenían sus confidencias…vamos que cree que fue la avanzadilla de los amigos virtuales de hoy. Todo imaginación, fantasía, sueños y más sueños…

Sus padres, como había llegado a deshora, la veían la más guapa, la más lista y la más de todo, por lo que pronto la llevaron a un colegio religioso para que le dieran una buena formación. Y…bueno…bien, pero lo pasó fatal. Durante las clases tenía niñas de su edad, pero cuando se acababan las horas lectivas, las internas le doblaban los años, eso ¡las más jóvenes!. Le hacían todo tipo de “perrerías”. Nunca comió más sopa que allí, porque le llenaban continuamente el plato con lo que otras no querían y nunca llegó al postre, porque se lo comían mientras ella terminaba la inacabable sopa. Visto desde hoy ¡un horror! pero fue forjando su carácter de forma positiva hasta el punto que se llegó a convencer de que después de todo, la sopa no estaba tan mal, seguro que estaba peor el segundo plato.

Aprendió a refugiarse en sí misma para sobrevivir y siguió creándose sus amigos invisibles, pero avanzó en esto…se hizo amiga de si misma. Se desdobló en dos, se contaba alegrías, penas, se reñía, se felicitaba cuando algo creía que había sido un triunfo para ella y jamás volvió a estar sola. Todo se lo preguntaba y consultaba a su otro yo, a su amiga más querida.

Hoy, ya mayor, sigue teniendo esa riqueza interior, puede pasar horas y horas hablando con ella y nadie la entiende mejor que su doble, aunque ahora también tiene amigos que ya no son invisibles.

 Su vida es de largas conversaciones, de búsquedas, de renuncias, de convencimientos y de debate constante en el que nadie podrá entrar nunca porque es su parque prohibido.

Pero se puede decir que ha encontrado un equilibrio bastante estable y sobretodo mucha libertad porque los límites, después de largas conversaciones con su doble, se los marca ella.

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LA POSADA DEL RIO

Buenos días, has descansado bien?

 Sí y tú, qué tal… quieres café o té?

Para él un día más, para ella un día totalmente diferente. Sentía mariposillas en el estómago, un sudor frio en las manos y una especie de congoja que le oprimía la garganta. Supo disimular durante todo el desayuno e incluso cuando fumaban el primer cigarrillo mañanero; un ligero temblor casi imperceptible de sus manos estuvieron a punto de delatar que el día para ella era especial.

Todo comenzó, cuando una amiga encontrada casualmente le sugirió que le encantarían las clases de baile latino a las que ella asistía.

No lo pensó, siempre el baile le había gustado, incluso de pequeña había asistido a clases de ballet y encima le decía latino… Guau! se le iban los pies en cuanto escuchaba música y admiraba las parejas que bailaban en cualquier película. Se quedaba arrobada y se imaginaba cerrando los ojos, que era ella la que estaba bailando. La prota vamos…!

Se compró la ropa adecuada y allá se fue.

Ella iba sola y nada más entrar le adjudicaron una pareja y se empezó a deslizar sintiéndose otra. El profesor que observaba, llamó a otro alumno que estaba más adelantado en las lides bailonas y le sugirió que sería su pareja aquella semana.

Aquello fue una delicia. Solamente con una mano la dirigía en los compases, giros, vueltas, encuentro y desencuentros, para terminar abrazado a su cintura… abrazo que a ella le hizo temblar…y de que manera. Qué brazos… y que bien olía…!

Las miradas en pleno baile eran insinuantes, pero ella no le veía, solo le sentía como una prolongación de su cuerpo. Y así empezó aquella relación bonita, secreta, estable… sin poder evitarla. Pronto dejaron la academia por una discreta habitación en la Posada del Río.

Estaba a las afueras de la ciudad y allí daban sus paseos, hablaba, hablaban mucho, se besaban, jugaban… actuaban como dos adolescentes. Cuando caía la tarde se refugiaban en su pequeña habitación y daban rienda suelta a un amor con mayúscula, casi salvaje, algo que jamás habían sentido con sus anteriores relaciones. Cada experiencia era única y mejor que la anterior. Sus abrazos  y caricias interminables. Puro alimento del alma.

Llegaron a ser indispensables. Se habían encontrado y no podían desperdiciar esa oportunidad que les daba la vida. Estaban presos de un amor irracional, casi una locura transitoria de la que no querían prescindir. Reprobaban sus actos, querrían gritar aquel amor, contar y cantar a los vientos lo que se amaban; por lo que decidieron marcharse juntos de la ciudad, empezar su vida en otro sitio, fuera de los convencionalismos y sin ataduras.

Hoy era el día.

Salió a despedir a su pareja y se dieron un beso, como siempre. Ella sintió el amargor de no poder decirle que sería el último. Le quería, llevaban muchos años juntos, pero no había pasión, no había amor y se sintió mal. Querría habérselo dicho, que pudiera comprenderla… pero sabía que le iba a hacer daño, por lo que las lágrimas anegaron sus ojos.

Hizo su maleta con lo más imprescindible, no llevaba ningún recuerdo para poder empezar de nuevo. Nada que le impulsara a la nostalgia.

Lo metió en el coche y partió hacia la Posada del Rio, su lugar de encuentro. Fue despacio todo el camino, se despedía de cuanto objeto, árbol, paisaje o flor discurría por sus ojos.

Llegó a la Posada, él todavía no había llegado y empezó a pasarle por su cabeza la película de su vida: sus alegrías, sus penas, los momentos felices, sus planes cumplidos, los todavía por cumplir… los ojos de su pareja que siempre tan bien la habían mirado, su infidelidad…y algo la sacudió tan fuerte, que un grito de dolor salió de su garganta. Instintivamente, enloquecida, encendió el coche y acelerando con fuerza emprendió su camino de regreso a casa presa de una especie de pánico.

Por el espejo retrovisor vió como se alejaba de su felicidad, como no volvería a encontrar nada parecido, como tendría que vivir rememorando sus momentos ocultos. Su vida había estado marcada de continuas renuncias y para encontrar un poco de consuelo pensó que lo vivido había sido su canto de cisne…!!!

Telefoneó al amante y le susurro un te quiero y un ¡¡¡no puedo!!!! entre sollozos, que en principio él, no entendió, pero la decisión estaba tomada.

Esperó en casa a que llegara su pareja para continuar con la seguridad necesaria de su rutina.

Sintió el llavín de la puerta y salió a su encuentro. Se dieron un beso en la mejilla, como siempre!!!

Qué tal el día? preguntó él.

Bien, más o menos como todos los días…

Y todo su cuerpo desgarrado de dolor, gritaba desde el más profundo de los silencios…

Sin consuelo…

 

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Sin salida

Se fue a refugiar a otra ciudad. Buscó y comparó zonas, barrios… Al final se decidió por uno de clase humilde, todos los vecinos se conocían, sabían de sus escasos recursos, tenían asumido su estado precario y cuando es así se aceptan de forma natural muchas y diferentes situaciones. Ella necesitaba sentir calor y allí el frio todavía no se había instalado.

El barrio estaba bastante deteriorado por los años y el olvido de la sociedad. Alquiló un pequeño piso suficiente para ella y su niña. Dos habitaciones, un cuarto de baño elemental y una cocina que en sus tiempos tuvo el alarde de querer parecer “americana”. Era donde comían y descansaban en un viejo sofá de tela floreada.

Tenían lo justo y muchas ilusiones, sobretodo si lograban la tranquilidad ansiada. Solo quería vivir. ¿Qué había hecho? Entrar en un coto privado para ella, en una sociedad que no la aceptaba, de la mano de alguien maravilloso que había dejado de existir. Desde entonces el asedio había sido frontal e insoportable.

Era una mujer joven, de natural elegante. Iba vestida con trajes negros de falda recta y chaquetas entalladas en la cintura que remarcaban de forma natural la redondez de sus caderas; zapatos de tacón negro y un bolso del mismo color con boquilla de carey. Su melena rubia y cuidada, le caía sobre los hombros. Su aspecto era de ser una mujer frágil y a la vez, segura.

Se veía obligada por miedo a ser distante y enigmática, aunque era de natural educada. Fue la novedad del barrio y también el comentario.

Por las mañanas llevaba a su niña al colegio y algunas tardes se las veía jugando en el jardín, compraban , reían… siempre juntas.

Nadie sabía al principio donde trabajaba, ni de que vivían, solo  que a las diez de la noche siempre salía, se oía el tic-tac de sus tacones bajando por las escaleras de madera desgastadas. Se alejaba por la calle hasta que el sonido desaparecía. Sobre las cuatro de la mañana regresaba, metía el llavín en la puerta de su casa y a partir de ese momento: silencio.

Así pasaban los días. Pronto los más próximos supieron que sus ausencias nocturnas eran debidas a que trabajaba en una sala de diversión donde ofrecían diferentes espectáculos entre ellos dos pases de strip-tease. Se transformaba y su trabajo era exquisito.

Una noche, cuando ya se había ido, los vecinos se alertaron porque delante del portal se detuvieron dos coches, uno negro de alta gama y otro que parecía ser de la policía. Entraron en la casa y se llevaron a la niña, alegando abandono de una menor.

Los vecinos arremolinados, decidieron ir a avisarla. Se quedó sorprendida de que hubieran descubierto su secreto y conmovida agradeció la solidaridad con que quisieron socorrerla, aquellos vecinos.

Visitó oficinas, centros, autoridades en la materia. Nada logró con sus escasas fuerzas y menores recursos. Supo que le daban la custodia de la niña a sus abuelos paternos.

Vieron como en soledad, se iba depauperando, como volvía a casa vacilante y algunas veces con compañía poco aconsejable. Líos, gritos, discusiones, llegaron a ser no frecuentes, diarios.

Una noche volvió sola, sus pasos eran firmes y rotundos. En varios días no se volvió a oír ni el menor ruido. Extrañados los vecinos llamaron al casero. Entraron en la casa y se la encontraron tendida en la cama, impecable y eternamente dormida…

No encontró ninguna mano amiga a la que asirse en el naufragio de su vida. Se rindió y prefirió refugiarse para siempre en el jardín de su silencio.

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